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  21 de Mayo de 2012     Edición de las 12:15 h.  

 

 
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Jueves, 26 de Enero de 2012 a las 2:39
Dos goles en el primer tiempo y la renta de la ida salvaron a los azulgranas ante un Madrid que quiso jugar más que nunca (2-2)
En semifinales, pero sufriendo


redaccion
 Alexis, Pepe y Casillas .
 Foto: Jordi Cotrina

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Agonizando y a rastras alcanzó el Barça la orilla de las semifinales. Desorientado, con la ropa hecha jirones, sangriento tras una batalla tabernaria, otra, con el Madrid, que le superó en el tercio inicial y final en el mar de nervios que agitó el Camp Nou. Un capítulo más en el décimo derbi que se saldó como casi todos los anteriores: con los azulgranas victoriosos y los blancos pegando y quejándose de agravio arbitral.

Fue un enfrentamiento desagradable y crispado, añadido al dramatismo propio inherente a los duelos de los dos grandes favoritos a todo. El Barça se salvó por el excelente resultado de la ida, un colchón que ayer se convirtió en un tesoro valiosísimo. La renta del Bernabéu fue una red vital en la que se balanceó peligrosamente, con el riesgo de caer y morir, antes y después de marcar dos goles en cuatro minutos en el epílogo del primer tiempo.

Dos fogonazos a los que respondió el Madrid con idéntico procedimiento para convertir los últimos minutos en un alboroto repleto de faltas y tarjetas, terreno en el que el Madrid se mueve como pez en el agua y el Barça balbucea.

Arbitraje desquiciante
La labor del árbitro volverá a generar ríos de tinta. Fue una calamidad que enfadó a todos por igual. A los locales por la falta de rigurosidad con los blancos, que perdieron por expulsión a Ramos y fueron perdonados de otras dos de Lass y Pepe, y a los forasteros por su desquiciante y desigual temple. Debía estar con los ojos muy abiertos y los cerró demasiado.

Mourinho quedó en evidencia. O le dejaron en evidencia sus hombres, algo que ya descifrarán en Madrid. El equipo se puso a jugar desde el primer minuto, lo que ha hecho (o ha intentado) muy poco cada vez que se ha enfrentado al Barça. Moviendo el balón con sus tocadores, que los tiene, desesperó en muchos momentos a los azulgranas, a quienes tampoco les gusta correr detrás de la pelota. Ante el gran rival probaron la medicina que suministran a los demás. Ayer se vieron obligados a correr una barbaridad. Y no es lo suyo; son futbolistas, no atletas.

Un manojo de nervios
Extrañamente comparecieron en el campo temblando como flanes. Si no lo estaban, se convirtieron en un manojo de nervios a los 15 segundos, cuando Piqué --estaba todavía en el hotel mirando el mar, como mostró en la foto que colgó-- dejó pasar un balón e Higuaín se plantó ante Pinto. Dos minutos más tarde, el meta atajó el remate del argentino. Y otra vez volvió a parar un nuevo intento del obtuso Higuaín en plena zozobra local, con pérdidas de balón nunca vistas.

Nada bueno prometió el inicio del partido, con el Madrid en su salsa, en un encuentro que quiso agitar porque esa deriva tampoco gusta al Barça. Kaká y Özil expusieron que son buenos tocadores, mucho más que Pepe y Lass para armar el juego. El gran protagonista fue un corderito. Potenció la vocación actoral que exhibió en la ida, simulando faltas, pero no reprimió su instinto: vio una tarjeta y agredió a Cesc.

Tocados, no hundidos
El Barça tuvo la gran fortuna de salir indemne; solo salió tocado en el ánimo, con una sustancial pérdida de seguridad. Podía haber salido perdiendo en el marcador (Özil disparó al travesaño con Pinto haciendo vista), lo que habría supuesto un cataclismo. Y sin haber hilvanado cuatro jugadas como Dios manda, se encontró con dos goles en dos disparos a puerta. Un justo castigo para el Mourinho rácano y cobarde de la ida.

Ayer le dio por poner a los peloteros y le cambió la cara al equipo. Guardiola repitió con los mismos. No necesitaba cambiar nada. Mostraron la imagen de siempre en cuanto vieron a Messi galopar y a Alves perforar la escuadra de Casillas.

Toma y daca final
Parecía todo resuelto, pero no era el Barça habitual. Tampoco el Madrid. La posesión anduvo equilibrada y el choque derivó en un formidable toma y daca después de que el Madrid colocara el 2-2. Guardiola recurrió a Thiago para tener más el balón, el gran déficit, y a Mascherano para defender mejor en un multitudinario tembleque colectivo porque un tercer tanto visitante significaba el naufragio total.

2. Barcelona: Pinto; Alves, Piqué, Puyol, Abidal; Busquets, Xavi, Iniesta (Pedro, min.29), Cesc (Thiago, min.70), Messi; y Alexis (Mascherano, min.79).
2. Real Madrid: Casillas; Arbeloa, Pepe, Sergio Ramos, Coentrao; Lass (Granero, min.51), Xabi Alonso; Kaká (Callejón, min.61), Özil, Cristiano Ronaldo; e Higuaín (Benzema, min.61).
Goles: 1-0, min.43: Pedro. 2-0, min.46+: Alves. 2-1. min.68: Cristiano Ronaldo. 2-2, min.71: Benzema.
Árbitro: Fernando Teixeira Vitienes, del comité cántabro. Mostró cartulina amarilla a Lass (min.26), Ramos (min.33), Messi (min.45), Casillas (min.46+), Cristiano Ronaldo (min.55), Coentrao (min.80), Granero (min.90), Puyol (min.91), Pepe (min.91). Expulsó a Ramos en el min.89, al ver la segunda amarilla.
Incidencias: partido de vuelta de los cuartos de final de la Copa del Rey disputado en el Camp Nou ante 95.486 aficionados, cifra facilitada por el club catalán. Se guardó un minuto de silencio en memoria exjugador barcelonista Juan Carlos Pérez, que falleció hace unos días.


 
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