Miercoles, 19 de Octubre de 2011 a las 22:29
Los jugadores del Viktoria celebraron una derrota digna tras una noche sin puntería azulgrana Iniesta y Villa encuentran el acierto que le falta a Messi (2-0)
JOAN DOMÈNECH
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Iniesta se cuela entre la defensa rival en la jugada del gol Foto: Jordi Cotrina
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Un regusto de insatisfacción dejó la cita con el Viktoria. A pesar del valor del triunfo, deportiva y económicamente, y a pesar de que el nivel exhibido anoche esté lejos del alcance de la mayoría de los participantes de la Champions, el Barça se marchó frustrado por el escaso rédito que le dio la fiesta que se preparó. Solo ganó por 2-0. Suficiente para sentirse fracasado, aunque anotara otro récord al haber en la era Guardiola, esta vez europeo: ningún equipo había logrado en la historia de la Champions sumar 24 partidos seguidos marcando un gol.
El disgusto culé se personificó en Messi, el ejemplo del deseo infinito por el progreso. No se conforma con un partido normal, correcto, común, que tratándose del mejor del mundo ya es de nota. Cuando sale al campo ya solo le conmueve la jugada más difícil, el gol jamás visto, la acción imposible. Lo probó todo y no culminó nada.
LA FRUSTRACIÓN DE LEO
Messi estrelló dos remates en el poste, participó en varias combinaciones de pases y paredes excelsas, trazó eslálones derramando defensas por el suelo que son quiméricos para un futbolista humano y se quedó sin marcar. No está acostumbrado a ver quebrada su voluntad y marcharse de vacío, desairado. Podría haber pasado la noche entera y sus intentos habrían sido igualmente vanos, como si alguien sobrenatural, más sobrenatural que él, hubiera decidido fastidiarle la jornada.
Fue como un acto precoz. Un enamoramiento súbito, una seducción irresistible y el clímax alcanzado en 10 minutos. Si, como dicen, el gol es el orgasmo del fútbol, el que marcó Iniesta consumó una sensación inenarrable. La noche, que apuntaba a inolvidable, resultó fugaz. Demasiado efímera. Mucho amor y dedicación, arte, poesía y música, y silencio. Impotencia ante los sucesivos fallos ante la portería checa, que vivió un asedio constante.
Los jugadores del Viktoria saludaron y aplaudieron a sus aficionados al final del partido, contentos y aliviados por el marcador que se llevaron: una derrota digna tras temer, toda la noche, una catástrofe. Se libraron de ella por la falta de puntería de los azulgranas. No dispararon ni una vez a portería. Solo defendieron la suya, aunque por momentos, al final del primer tiempo, salieron jugando desde atrás con cierta elegancia y sin miedo. Apenas alcanzaban los tres cuartos de campo porque Busquets y Mascherano no les toleraron un metro más. En esa fase, el Barça no presionaba. Solo jugaba, al mando de un prodigioso Iniesta.
CATARATA OFENSIVA
Tampoco tenía miedo. Disponía de ocasiones cada dos por tres y confiaba en traducir alguna a la red. Pero pasaban y pasaban los minutos y nadie acertaba ante la meta del conjunto checo. Sobre todo Messi, que capitalizó todos los remates. Su enésimo intento fallido lo aprovechó Villa para maquillar un marcador indigno para el trabajoso y fino quehacer azulgrana. Impecable en actitud, excesivamente prolijo en la suerte final, como si lo convencional fuera ya despreciable para la capacidad demostrada por este equipo, ya inmortal.
2- FC BARCELONA: Valdés, Alves, Mascherano, Abidal, Adriano; Busquets, Xavi, Iniesta (Keita, min.84); Pedro, Messi y Villa (Cuenca, min.87).
1-VIKTORIA PLZEN: Cech; Rajtoral, Cisovsky, Bystron, Limbersky; Petrzela, Horváth, Jiracek, Pilar (Fillo, min.74); Kolár y Bakos (Duris, min.57).
GOLES: 1-0. Min.9, Iniesta y 2-0. Min.81, Villa.
ÁRBITRO: Aleksandar Stavrev (MAC).
ESTADIO: Camp Nou, 74.376 espectadores.