Miercoles, 9 de Febrero de 2011 a las 19:35
EL ACLARADO El reto copero del Barça
José Carlos Sorribes
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El título de Copa no es, con toda seguridad, el más importante de la temporada. Pero sí uno de los que más expectación despierta, casi equiparable a la propia final four de la Euroliga. Desde hace años, la ACB ha encontrado en esta fase final con ocho equipos la fórmula del éxito, superior incluso al que obtiene con la Liga. Uno de los motivos de esta expectación que provoca la Copa es la lista de sorpresas y resultados inesperados que se repiten año a año. Desde 1988, cuando lo consiguió el Barça, ningún equipo ha sido capaz de revalidar el título. Ese es, por lo tanto, el gran reto del equipo de
Xavi Pascual, considerado por la mayoría de sus colegas de la ACB el favorito para la edición de este año pese a que se disputa en casa del eterno rival, el Real Madrid.
Barça-Madrid es la final más esperada, en primer lugar porque enfrenta los dos grandes de la Liga ACB, cuanto menos en potencial económico, ya que los blancos llevan años de zozobra en los que no han acabado de encontrar el rumbo adecuado. Ni el fichaje a bombo y platillo de
Ettore Messina, uno de los técnicos más prestigiosos de Europa, le sirvió el pasado año a los merengues para volver a la cumbre. Y es también la final más esperada porque son los dos dominadores actuales de la Liga en un año en que el Caja Laboral tropieza más de lo habitual, por lo menos en la competición española.
El Barça llega con el convencimiento de que ha entrado en una línea ascendente de juego, que ha coincidido con la recuperación de
Juan Carlos Navarro, el santo y seña del equipo, después de su inquietante lesión en la espalda. A
Pascual le ha surgido un problema incómodo, es cierto, pero que no deja de ser uno de aquellos que cualquier entrenador desearía. La recuperación de
Pete Mickeal le obliga a tener que elegir su pareja de americanoss. No hubiera sido un quebradero de cabeza si Alan Anderson se hubiera comportado como uno de tantos relevos temporales que llegan, cumplen y se van en busca de otra camiseta cuando acaba su contrato. Pero no ha sido así con
Anderson, un jugador de incuestionable calidad. Con menor agresividad que
Mickeal, pero con gran capacidad para llevar el balón al suelo y entrar a canasta, además de un excelente tiro exterior.
La vuelta de
Mickeal no supone, si
Pascual se decide por reincorporarlo tras una larga baja, el descarte automático de Anderson. El potente y amplio juego interior del equipo podría hacer que el sacrificado fuera
Morris, un hombre cuyas intermitencias lastran su enorme calidad. A
Morris le acompaña siempre ese aire pasota, de que con él no va la cosa, cuando si tuviera mayor ansia competitiva sería prácticamente imparable.
Mickeal, para empezar, ya ha dejado claro que quiere estar en Madrid y vestido para jugar. No es un hombre que hable por hablar.
Al margen de esta cuestión de exceso de americanos, las miradas en el Bará estarán puestas en
Ricky Rubio. La Copa es un escaparate que trasciende las fronteras y llega hasta la misma NBA, con numerosos ojeadores en las gradas. Y no duden que
Ricky arde en deseos de dar un paso al frente para borrar esa imagen alicaída que le acompaña desde el pasado verano y que le ha puesto en el disparadero.
Ricky sabe que tiene una excelente oportunidad para acallar esas voces que ahora solo resaltan sus malos porcentajes desde la línea de tres o su escasa capacidad anotadora. El puede ser uno de los responsables de que el Barça rompa ese viejo maleficio copero de que un campeón no revalida su título. Para empezar se encontrará en cuartos a una maltrecha Penya, por las bajas de
English (su principal anotador) y de
Norel, uno de sus hombres interiores. En caso de victoria, otro resultado sería una sorpresa descomunal, el cruce de semifinales ya sería de aúpa con el Caja Laboral a la vista si se deshace del incómodo Bilbao Basket.