Miercoles, 29 de Septiembre de 2010 a las 17:37
EL ACLARADO El Barça, en la 'pole position' de la Liga ACB
José Carlos Sorribes
PUBLICIDAD
Solo ha hecho falta el primer torneo, la Supercopa, para certificar lo que ya muchos presumían pese al desencanto que supuso el triste final del Barça en la final ante el Caja Laboral. El equipo de
Xavi Pascual vuelve a estar en la primera posición de la parrilla de la Liga ACB, y con una considerable ventaja sobre sus rivales. El golpe de autoridad ante el Madrid fue de proporciones cósmicas. Ni el más veterano recuerda un partido entre los dos grandes rivales en que uno de ellos llegue a dominar por 40 puntos.
El Barça ha actuado con el convencimiento de que el final de Liga fue un accidente. El equipo se desenchufó por completo, después de una temporada histórica, ante un rival como el Caja Laboral que poco o nada tenía que perder. Y cuando los azulgranas quisieron despertar ya era tarde. Por lo tanto,
Joan Creus y Xavi Pascual han optado por mantener todas las piezas con el único cambio, salvo la marcha cantada de
Lubos Barton, de la salida de
Jordi Trias por
Kosta Perovic, un gigante que aportará presencia y kilos en la zona, para paliar esa ligereza de la que hacen gala los
Vázquez, Lorbek, Morris e incluso
Ndong. Al final,
Grimau y Basile se ganaron una merecida renovación y los
Rafa Martínez y Carlos Suárez se quedaron en simple objetivos a tener en cuenta.
La Supercopa también ha demostrado que el Barça es el equipo que mejor parece adaptarse a las nuevas reglas, sobre todo a ese alejamiento de medio metro de la línea de tres puntos. El caso de
Terence Morris es el más sintomático. El ala-pívot ha entrado en la temporada como un ciclón y esos 6,75 metros le convierten en un peligro todavía mayor para los rivales.
El Barça, por lo tanto, parte con la ventaja de un proyecto consolidado ante rivales que se mueven en permanente reconstrucción. Sea por filosofía y necesidad, como el Caja Laboral, sea por un rumbo desnortado desde hace años, como el Real Madrid. Los vascos abren una nueva etapa con la marcha de
Thiago Splitter a la NBA, probablemente más dolorosa de las que fueron antes las de
Calderón y Nocioni. El Madrid de Messina siempre empieza con la mejor voluntad y presagios. Pero los revolcones que le da el Barça le llevan un día sí y otro también al diván del psiquiatra. Su complejo de inferioridad empieza a ser alarmante.
La mejor noticia del Barça, al margen de ese inicio estelar de Morris, es que
Ricky Rubio parece sentirse mucho más cómodo de azulgrana que con la Roja. El papel del base en el Mundial de Turquía resultó de una insospechada discreción, hasta el punto de que el torneo significó un evidente retroceso en una trayectoria que solo apuntaba hacia arriba. En su descargo hay que decir que a
Ricky nunca se le vio demasiado suelto con un estilo de juego, el de la selección, que vivió en permanente indefinición, con una línea demasiado irregular y algo especulativa. No tiene por qué reivindicarse, pero
Ricky Rubio debe despejar cuanto antes las sombras de su juego en Turquía. Lo empezó a hacer en la Supercopa.
Si el año pasado él fue la guinda que redondeó la plantilla, ahora ha surgido otra a última hora, aunque ya era previsible, con el deseo rotundo de
Rudy Fernández de volver a Europa. No lo duden, el alero ficharía con los ojos cerrados por un equipo tan consolidado como el Barça, antes que por proyectos volcánicos como el del Madrid o por apuestas lejanas como el Panathinaikos. Ahora bien, el Barça moverá ficha por
Rudy, pero quizá no lo haga con la contundencia del año pasado por
Ricky. Tiene la plantilla completa y debería descartar a un jugador. No es fácil, aunque ya cuente con tres bases y Lakovic siempre esté en el alero.
Por cierto, la decisión de
Rudy, como antes la del propio
Navarro. no debería pasar por alto para
Ricky. La NBA es un sueño para cualquier jugador, pero también puede convertirse en una pesadilla.