Domingo, 11 de Julio de 2010 a las 11:48
Los triángulos de la gloria Piqué, Puyol y Busquets, dos novatos que asombran y un líder carismático
MARCOS LÓPEZ
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Tuya, mía. Mía, tuya. Algo tan simple como pasarse el balón de un compañero a otro se ha convertido en la pócima secreta de una selección que siempre quiere jugar con la pelota. Piqué se la pasa a Puyol. Puyol a Busquets. Busquets a Xavi. Xavi a Iniesta. Iniesta a Villa. Cambia el orden, pero no el resultado. El fútbol se hace sencillo y hasta fácil. Pero no lo es.
A Casillas no se le ha visto demasiado en el Mundial. Empezó algo nervioso, pero a medida que el torneo entraba en su fase decisiva, emergió el portero que se disfraza de santo, como se vio en el penalti que detuvo ante Paraguay. Pero Casillas nunca ha estado solo. Ha tenido la mejor defensa del Mundial porque solo ha encajado dos goles en seis partidos
Ha tenido una red de seguridad impresionante. Impresionante porque no se ha agujereado en ningún instante, ni en los más dramáticos de la aventura surafricana. Impresionante porque ha estado siempre limpia: Piqué apenas ha cometido cuatro faltas en 540 minutos; Puyol, solo cinco en el mismo tiempo), mientras Busquets, el chico que barre todo lo que hay por su casa, desde el área rival hasta la propia, solo ha hecho siete infracciones al reglamento.
Puyol ya no solo corre, también juega. Y muy bien a fútbol. En el plano defensivo. Y hasta en el ofensivo con su gol a Alemania.
¿Y Piqué? Una exuberante demostración de autoconfianza, asombroso dominio del tiempo, del espacio y, sobre todo, del pase, le han transformado en el mejor central del mundo. Sin discusión alguna. Juega con frac, sin tirarse casi nunca al suelo, corre más de lo que parece (su velocidad máxima ha sido de 28.15 km/h, mientras que la de Puyol se situó en 25.37 km/h). Las cifras rompen, por tanto, viejos mitos. No hay central lento sino central listo, intuitivo, que interpreta el juego.
No espera a lo que sucede sino que anticipa y visualiza antes la jugada. Ahí están Piqué y Puyol, dos tipos que se han integrado de tal manera que parecen uno solo. Adonde no llega la melena del capitán del Barça, aparece la zancada, elegante y tranquila, de Piqué para resolver los problemas finales. Los problemas de cada partido son competencia de Sergio Busquets, otro novato que ha deslumbrado con un Mundial maravilloso. ¿Por qué? Porque dio la sensación de que llevaba cinco o seis mundiales en ese enclenque cuerpo que parece romperse en cada jugada pero se levanta como un junco. Puyol defiende, Piqué crea (es el primer cerebro de España), y Busquets corta, pasa y da. A la primera.