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  9 de Febrero de 2012     Edición de las 14:34 h.  

 

 
Fútbol

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Jueves, 8 de Julio de 2010 a las 8:19
El delantero brilló sin acusar la responsabilidad
Del Bosque confió en Pedro como revulsivo


MARCOS LÓPEZ

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Pedro. Siempre Pedro. Antes Pedrito. Parecía que venía al Mundial de turista como justo premio por una maravillosa temporada con el Barça, pero Vicente del Bosque no se ha traído a nadie para que conozca el sur de África. Y a Pedro, mucho menos. Cuando el técnico, en el hotel situado a 20 km de Durban junto a un inmenso centro comercial, comunicó la alineación, el chico, canario, humilde y tímido, no se asustó. Lleva tres años de vértigo. ¡Cómo temblarle ahora, justo ahora, las piernas!

Llegó al imponente estadio surafricano, ese que cruza un gigantesco arco calatraviano, y se puso a charlar con Xavi. En realidad, hablaba Xavi y él escuchaba, mordiéndose las uñas, eso sí. Es tímido e humilde, pero ¡quién no siente un ataque de responsabilidad cuando le comunican que será titular en una semifinal del Mundial! Pedro, sí. «Al principio me sorprendió verme en la alineación, pero me metí en la cabeza que iba a jugar y ya está», dijo con naturalidad.

Ese, en los minutos previos al partido, aún sin estar vestido de corto, fue el único gesto que delató a Pedro, un joven de 22 años (cumple 23 el próximo 28 de julio), el único, junto a Xavi y el alemán Cacau, a quien la FIFA pone en la lista oficial de las alineaciones por su nombre. Sin apellidos, como sí hizo con los otros 43 futbolistas de ambas selecciones.

Una vez empezó el partido, Pedro volvió a ser Pedro. Ni se mordía las uñas, ni se sentía intimidado por esos gigantes alemanes, entre los que se iban colando, mientras ellos, asombrados, se preguntaban de dónde había salido ese endiablado demonio vestido de rojo. Empezó de extremo izquierdo porque Del Bosque, sabio él, creía, y con razón, que Lahm, el capitán alemán, no imaginaba tenerlo delante. Ahí, corriendo de un lado para otro, estuvo Pedro durante toda la noche, inyectando electricidad a toda España.

Por todos lados
De izquierda a derecha, apareciendo por donde le daba la gana. Asistiendo a Villa, robando balones en el centro del campo, cual Busquets de la vida, regateando a Boateng y Mertesacker, dos prodigios de la naturaleza. Y por ahí, ese pequeño y veloz tinerfeño (nació en el sur de la isla, en Abades), se sentía en Durban el niño más feliz de la clase. Como si jugara en el patio de la casa de sus padres, junto a las gallinas que cuida Juan Antonio, su padre, dependiente de una gasolinera.

De izquierda a derecha, ejerciendo incluso de mediapunta e interior, cual Xavi de la vida. Así estaba anoche Pedro, disparando sin miedo desde cualquier lugar del campo. Tan feliz como si jugara en Premià con Guardiola en Tercera División. Allí estaba, y no hace tanto, ese delantero que sorprendió tanto a Löw que tuvo que reaccionar en la segunda mitad.

La sorpresa de Löw
Al ver que Boateng, y su cintura de madera, no podían con Pedro, el seleccionador alemán sacó a Jansen, un lateral zurdo de toda la vida. Ni así. En un minuto, y en un Mundial, se vio a un grandioso Pedro. Asomado al balcón del área en la segunda mitad, disparó con la derecha –rechazó como buenamente pudo Neuer– y disparó con la izquierda bordeando el poste. En una noche llena de innumerables estrellas planetarias, Pedro pareció estar en el cielo desde hace un montón de años.

Tal vez lo esté. Jugó como los ángeles el partido más importante de su vida. Perdón, el penúltimo. Con Pedro siempre hay una última opción. Por eso se disculpó en una de las últimas jugadas. Llegó al área rival y se enredó con un par de regates –«era la jugada que remataba el partido, pero me confié un poco», admitió– antes de topar con la pierna de Friedrich. A su izquierda tenía a Torres y, enfrente, la portería de Neuer, pero, por una vez, falló Pedro. Pidió perdón porque no es un extraterrestre.




 
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