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Miercoles, 28 de Abril de 2010 a las 23:26
Con ‘Piquenbauer’ no basta


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Fue el guía antes, durante y después del partido. Pero con la mejor versión de Piquenbauer no bastó para que el Barça llegara a la final de Madrid. Completó un partido majestuoso, de principio a fin. Ya ejerció su papel de líder en las horas previas al partido con un mensaje contundente: «Espero el mejor Camp Nou posible», pidió el joven central azulgrana. Y lo tuvo. El mejor Camp Nou nunca visto, aunque no le sirvió para estar el próximo 22 de mayo en el Bernabéu.

Lo que hizo anoche Piqué, pese a la eliminación, es digno de elogio. No estuvo Ibrahimovic, sustituido. No estuvo tampoco el gran Messi. Ni uno ni otro, por lo que el central se vio obligado a asumir funciones que no le corresponden. No únicamente por su fantástico gol, el único del Barça, un maravilloso pero estéril tanto, sino porque imprimió un liderazgo pocas veces visto sobre el césped. Cuando tenía 11 el Inter. Cuando se quedó con 10 por la expulsión de Motta. En todo momento, Piqué fue el dueño del partido ya que no cometió ni un solo error defensivo y, además, reanimó al Barça con ese gol en el que sentó con un soberbio giro de su cuerpo a Córdoba, el central colombiano, y Julio César, el meta brasileño.

El lamento
Cuando Piqué se disfrazó de Romário, ese regate con la pelota rasgando el césped y engañando en un solo movimiento a dos interistas dibujando un círculo propio de un delineante, el Barça entendió que aún tenía tiempo. Piqué también. En realidad, él siempre fue uno de los culés más optimistas. En la grada estaban sus padres, vestidos con el 3 de Gerard, y su hermano pequeño, dispuestos a vivir una gesta más del Barça.

Todos se marcharon a casa como Piqué, lamentando la ocasión perdida en su propio estadio, ante su propia gente, incapaces de romper la perfección hecha pura defensa, un elogio de la solidaridad y del sacrificio. Eso fue el Inter de Mourinho. Con 11 y después con 10. Hasta que lo rasgó Piqué para encender un Camp Nou enardecido.

Once minutos de ‘nueve’ Encendido estuvo durante siete minutos más los cuatro de prolongación. Poco más de 10 minutos para que el delantero centro del Barça, o sea Piqué, tuviera otra oportunidad para llegar a Madrid. Es curioso. Ha sido Piqué, tanto en Milán como en el Camp Nou, el delantero más peligroso del equipo de Guardiola, una prueba de que algo no funcionó como debía. Y ese error apareció donde no se esperaba: en la estructura ofensiva del Barça, un conjunto construido para atacar.

En ese inesperado agujero tuvo que emerger Piqué para mantener en pie a un coloso en el que habitaban más de 96.000 personas. Pero allí donde sí llegó Iniesta, Don Andrés en Londres hace un año, no bastó con el gran Piquenbauer, un central que hizo de delantero. O un delantero que hizo de defensa. Pero no pudo con todo.


 
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