Domingo, 21 de Marzo de 2010 a las 20:42
EL ACLARADO No será Jasikevicius, pero...
José Carlos Sorribes
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Ricky Rubio se hace inevitable después de su exhibición en el Fernando Buesa Arena de Vitoria. No es ninguna novedad afirmar que el joven talento de El Masnou no tiene límites. O parece muy difícil vislumbrarlos. Dos detalles sirven para calibrar la dimensión del joven base. El primero fue el que más llamó la atención y el que dejó sin coartada a aquellos que ponen en entredicho su habilidad como tirador. Su cinco de cinco en triples fue tan brillante como demoledor.
Ricky no solo adornó una estadística inmaculada desde los 6,25. Lo hizo además en acciones decisivas para el resultado del encuentro, en jugadas que apuntillaron al rival, uno de los más cualificados de la Liga ACB. Los progresos de
Ricky como tirador son impresionantes, aunque no debieran sorprender. Estamos hablando de un superdotado, de un jugador que se ha puesto manos a la obra para mejorar una faceta débil de su juego cuando realmente le ha hecho falta. Porque
Ricky ha sido un jugador dominante desde su época de infantil sin necesidad de ser un tirador excelso. Iba sobrado en todo lo demás, empezando por una cabeza privilegiada y una seguridad en todo lo que hace abrumadora, y que desarma a los rivales.
Solo en este nuevo salto en su carrera que significa su llegada al Barça ha devenido fundamental una mejora y un laborioso trabajo para ser una amenaza desde la línea de tres puntos. Y el resultado salta a la vista. No tira con la facilidad, la elegancia y la naturalidad de Jasikevicius, pero harán bien las defensas rivales en no dejarle demasiado espacio. Que se lo pregunten al Caja Laboral. Y una pincelada más.
Ricky lanza desde siete metros, como si quisiera acostumbrarse a ese futuro en la NBA que los aficionados del Barça esperan que retrase lo máximo posible.
Y el segundo detalle del partido en Vitoria se refiere al peso que ha cogido el joven base y a la confianza que tiene
Xavi Pascual en él.
Ricky cometió su cuarta falta cuando el partido aún no estaba decidido. No por ello lo llevó al banquillo su entrenador. Siguió en la pista y guió al Barça hacia la victoria.
Pascual corrió el riesgo confiado en la inteligencia de su jugador para no hacer una falta tonta y amparado, por qué no, en que también tenía a
Lakovic y
Sada en la recámara. Son las ventajas de tener tantos recursos.