Jueves, 11 de Marzo de 2010 a las 19:28
MIRADOR Florentino tira 300 millones a la basura
EMILIO PÉREZ DE ROZAS
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En la vida, en la política, en la economía y, obviamente, en el deporte hay jornadas que cambian la historia. El mundo no era igual el 8 de noviembre que el 9 de noviembre de 1989 por un elemental motivo: entre medias había caído el muro de Berlín... El madridismo enloqueció el sábado, cuando el Madrid, de la mano de Guti, el
Faraón para algunos, el gran capitán anoche,el
Guti, selección, lideró la remontada frente al Sevilla. Y los hubo que convirtieron esa fecha en otro hito histórico. Fue una manera, como otro cualquiera, de empezar a perder. Así son los ricos, solo tienen dinero. Cuatro días después, el fútbol ha vuelto a abofetear a
Florentino Pérez, uno de los hombres más poderosos del mundo. Adiós al ADN blanco de la Champions. Adiós a
CR9. Adiós a 300 millones de euros. Adiós a la final del Bernabéu. Adiós a una nueva lección de cómo se recalifican terrenos, se construyen torres, se fichan galácticos y se crean proyectos, que son pisoteados por el Alcorcón y el Lyón, el cuarto equipo de la paupérrima Liga francesa. Tras pregonar insistentemente que el Barça no está como el año pasado, el Real Madrid vuelve a encontrarse, ellos sí, en el mismo lugar de siempre: eliminados en octavos de final de la Champions. Y
Florentino sin saber qué hacer con
Manuel Pellegrini. Sin poder convencer a
Jorge Valdano para que se ponga el chándal. Sin poder recurrir a
Raúl, que anoche hasta perdió incomprensiblemente los nervios al final, y maltratando, una vez más (ya lo esgrimieron en el partido de vuelta del Alcorcón), al legendario
espíritu de Juanito. Eso sí, acogió en su palco a
Esperanza Aguirre, que igual creyó que los miuras blancos también son un bien cultural a proteger. Cultural, puede; futbolístico, no, desde luego. Alguien gritó anoche en la radio, nada más arrancar el partido, nada más ver al
bicho CR9 correr por la banda, levantar la cabeza a
Guti HAZ y caracolear a Kaká, que
«los poetas se han convertido en soldados». Pero aquella salida de caballo, de pura sangre de jeque árabe o ricachón madrileño, acabó en parada de burro. Cuentan que anoche, a la salida del Bernabéu, alguien oyó a un niño preguntar a su padre «¿Cuánto hay de Alcorcón a Lyón, papá?» «Una ridiculez, hijo, una ridiculez».