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  10 de Febrero de 2012     Edición de las 19:19 h.  

 

 
Fútbol

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Domingo, 7 de Marzo de 2010 a las 0:12
• El conjunto azulgrana cayó en las diversas trampas que le tendió el árbitro
Messi no fue suficiente para que el Barça consiguiera los 3 puntos


NACHO PARA

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Desierto, tierra quemada. El escenario con el que se encontró ayer el Barça fue un fútbol árido y pedregoso, en perfecta correspondencia con la orografía almeriense. Más que jugar a ser un clon de Guardiola, más que emular su fútbol florido, Lillo planteó otro paisaje, resquebrajado y yermo, como las montañas del Parque Natural de Cabo de Gata, donde el donostiarra ha fijado su residencia. Es ese el paisaje que ve cada mañana al levantarse el que parece inspirarle ahora, y no le va nada mal. El Almería se vistió de víbora, siempre agazapado y soltando escasas dentelladas. El fútbol florido del Barça se vio obligado a malvivir en ese angustioso páramo.
Cuentan los viejos que cuando en Almería no había nada que comer, los lugareños vivían con la mentalidad de los tramperos. Podían esperar días, meses, e incluso años sin que nada ocurriera, aguardando a que una presa cayera en la trampa. Era cuestión de dejar pasar el tiempo. El infausto animal que cayera, estaba más que condenado: sería quemado, destripado y despellejado.
Anoche, el Barça cayó una y otra vez en las trampas que le montó el Almería y, por si fuera poco, también cayó en las que le montó el árbitro del encuentro. Cayó en la trampa de la jugada de estrategia. Cayó en la trampa del gol en propia puerta. Cayó en la trampa de las protestas. Cayó en la trampa de las expulsiones. Guardiola tuvo que seguir viendo el fútbol de su equipo a través de un cristal en el palco vip número 2 del estadio Juegos del Mediterráneo, obligado a ver el fútbol como se mira la vida en los terrarios.
El retraso de casi 15 minutos en el inicio del partido fue un mal presagio. El árbitro no parecía dispuesto a permitir que el Almería luciera en su camiseta el lema ¡Fuerza Chile!, en solidaridad con los damnificados del terremoto. Al final, el terremoto amenazó con sacudir la Liga. Al igual que los productos hortofrutícolas fueron capaces de aflorar de invernaderos plantados donde antes no había vida, el Almería supo sacar un punto que sabe a inesperado manjar. Y eso que sobre el paisaje lunar del partido se posó un marciano, Messi, con esa pelota que lanzó por encima de la barrera y voló parsimoniosa, sin gravedad, como los pasos del astronauta Armstrong.
Grito desesperado
Luego, volvería aparecer en medio de arenosa defensa del Almería para volver empatar. «¡Debería estar prohibido que ese hombre jugara al futbol!», gritó, desesperado, el jefe de prensa del Almería. Pero el marciano Messi no fue suficiente en esta ocasión. El público –solo 11.767 espectadores, la mitad del aforo-- dejó de gritar «¡villarato, villarato!» y acabó cerrando el pico ante los clamorosos errores arbitrales contra el Bar-ça. Los hinchas del trampero acabaron pidiendo la hora.


 
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