Miercoles, 3 de Marzo de 2010 a las 11:03
• «Aceptaría ser suplente con la selección», dice ante las críticas Henry también se siente cuestionado con Francia
MARCOS LÓPEZ
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Hay una calle de la fama en el Stade de France en París. Y ahí están las huellas de Thierry Henry, uno de los 22 jugadores que ganó el Mundial de Francia en 1998. Pero esa huella ha quedado enterrada por otra muy poco deportiva. La de la mano con la que el pasado 18 de noviembre empujó a su país al Mundial de Suráfrica. Un gesto que sigue torturando a la estrella azulgrana.
Henry regresa hoy al estadio donde alcanzó la cumbre hace ya casi 12 años, el mismo lugar donde el Barça de Ronaldinho y Rijkaard logró su sueño europeo ante el Arsenal (2006), el mismo campo en que su honor quedó mancillado por la mano que acabó con Irlanda (2009). Henry vuelve para enfrentarse a España. No es un buen momento para él. Desaparecido en el Barça –Guardiola ha perdido la confianza en él–, ha comprobado que en su país también está bajo sospecha.
En el Camp Nou ya ni juega. Solo ha sido titular en uno de los seis últimos partidos porque Pedro, un delantero sin nombre, lo ha fulminado con su espectacular rendimiento. El delantero canario lleva 16 goles en todas las competiciones; el francés apenas 3. Pedro marca cinco veces más que
Titi. Y en el fútbol mundial, tras esa mano, Henry tampoco es el que era. Pese a todo, sigue siendo el capitán de la selección y el mejor goleador de la historia (51 goles en 117 partidos), y cuenta todavía con la complicidad del técnico Raymond Domenech. ¿Hasta cuándo? No se sabe. «Aceptaría el rol de suplente con Francia sin ningún problema», dijo ayer el delantero.
EN LUCHA CON RIBÉRY
Esa misma confesión, la de acatar ser suplente en el Barça, pese a su estatus de estrella mundial, ya la realizó el pasado mes de enero. Y Guardiola le tomó la palabra cansado de esperar que reaccionara durante cinco largos meses. «No me preocupa, el equipo gana y estamos bien. Pedrito entra y mete goles, además estoy jugando en el mismo sitio que un jugador que se llama Andrés Iniesta», afirmó en otro claro gesto de rendición, inusual en Henry. Inusual en un delantero de tanto renombre y con tanto orgullo e inusual porque ese discurso lo ha repetido varias veces. En el Camp Nou Iniesta y Pedro están ya delante suyo –«no es fácil esta situación, pero si me toca salir, lo haré a tope», admitió–, mientras en su selección, Franck Ribéry se ha propuesto para ocupar la banda izquierda del ataque. A Domenech le toca decidir si sigue siendo intocable a tres meses del cuarto Mundial del azulgrana.
SIN REPAROS
También tuvo que contestar en su casa a esa mano que le perseguirá siempre. «Fue un acto reflejo, no lo piensas. No tengo ningún reparo por volver aquí. A mí no me ha cambiado nada, pero vi la verdadera cara de un montón de gente», dijo en referencia a su nueva visita al Stade de France. Henry, que cumplirá 33 años en agosto y cuyo contrato con el Barça expira en el 2011, sabe que la aventura americana sería la mejor salida después del Mundial de Suráfrica. Pero en ningún momento quiso dar pistas sobre el futuro.
Solo se dedicó a analizar el duelo ante España. «Jugamos contra el mejor equipo del mundo junto a Brasil», proclamó el delantero antes de expresar su enfado cuando se habla de una mala relación con Guardiola. «Me enerva cuando la gente inventa historias». La única historia es que hace tiempo que Henry ya no se parece a Henry.