Jueves, 25 de Febrero de 2010 a las 8:44
• El paso por el banquillo no hace reaccionar al francés Márquez y Henry se alejan cada vez más del rendimiento del curso pasado
MARCOS LÓPEZ
PUBLICIDAD
Henry
Cada vez que Guardiola habla de Henry, dice cosas buenas. Porque lo cree. Porque lo siente y porque lo necesita. Pero ya lleva demasiado tiempo esperando la mejor versión de Henry, la que sí consiguió durante la temporada pasada. En este curso, el técnico lo ha intentado todo. Ha ido desde las buenas palabras –no ha parado de llenar de elogios al delantero francés–, hasta la terapia de choque. Henry solo ha sido titular en los cinco últimos partidos disputados. Nada de nada.
El martes ni siquiera fue titular en Europa. El gol de falta que le marcó el pasado sábado al Racing le sirvió para frotarse las manos. Primero, en el césped del Camp Nou. Y luego, tuvo que frotarse las manos en el banquillo del Neckarstadion de Stuttgart para quitarse el frío después de que Guardiola volviera a darle el disfraz que caracteriza a los suplentes. O sea, el chándal. Después, cuando el delantero francés apareció en el campo –sustituyó a Touré (m. 53)– apenas se le vio. Ni participó del juego.
Ese es el problema. Si no juega Henry, es un problema. Si juega, también. Se ha entrado en el tramo final de la temporada (quedan solo tres meses) y no existe ni rastro del Henry que asombró la pasada temporada cuando anotó 26 goles.
DE MAL EN PEOR
A cada mes que ha pasado, la situación de Henry ha empeorado. Incluso él tuvo que admitir que acataría ser suplente, asumiendo que no podía competir con Iniesta –
«uno de los mejores del mundo»– ni tampoco con Pedro --
«cada vez que sale marca un gol», admitió–. Ni siquiera esa situación desconocida para Henry, que ha perdido su condición de titular para Guardiola, tampoco ha obrado un efecto revitalizador. Va de mal en peor.
A Henry cada vez le queda menos tiempo y aumenta la exigencia sobre él. Y sobre el técnico, obligado a buscar soluciones para rentabilizar la banda izquierda del ataque azulgrana. Iniesta ha sido el elegido en tres de esos cuatro partidos sin
Titi. El otro encuentro que falta, el que jugó el Barça en Gijón ante el Sporting, le tocó a Pedro ejercer de extremo zurdo. Mientras se resuelve el
enigma Henry, Guardiola no se rinde.
Márquez
Cada vez que Guardiola habla de Márquez, dice cosas buenas. Porque lo cree. Porque lo siente y porque lo necesita. Pero el buen Márquez sigue sin llegar. Tardó en volver al equipo porque le costó recuperarse de una lesión que le cortó cuando mejor estaba. Cuando Márquez era el dueño de la defensa del Barça. Cuando se debatía solo quien le acompañaba y no si él debía ser titular. En la ida de la semifinal europea con el Chelsea (abril del 2009) en el Camp Nou, el mexicano sufrió una rotura del menisco externo de la rodilla izquierda que le envió al quirófano. El mismo día en que el Barça goleaba en el Bernabéu (2-6), Márquez sabía que debería estar tres meses de baja.
Desde entonces, no ha vuelto a ser el mismo. Le ha costado recuperar el ritmo y cuando se acercaba a su mejor versión aparecía otro problema, casi siempre en forma de lesión muscular, para enviarle de nuevo a la enfermería. Guardiola no ha desistido.
«Ahora estamos viendo al Rafa de siempre», llegó a comentar hace pocos días el técnico. Pero esas buenas palabras no han encontrado respuesta en el campo. Márquez no ha logrado encadenar dos buenos partidos.
La confianza de Guardiola no ha disminuido, ni siquiera cuando el mexicano se despistó en el fatídico minuto final de Pamplona con un error que le costó el empate al Barça. Al lado de Márquez, renovado por dos años hace pocos meses, siempre ha estado el entrenador. Cree en él. No solo como líder de la zaga sino también como profesor de los centrales jóvenes que llegan al Camp Nou. Lo hizo con Piqué y lo haría ahora con Chigrinskiy.
TARJETAS Y EXPULSIONES
Ese trabajo didáctico que asume Márquez no tiene, sin embargo, una imagen práctica. En los tres últimos partidos que ha disputado, el central ha sido expulsado en una ocasión (ante el Getafe y eso que salió de suplente) y ha visto dos tarjetas amarillas (una ante el Racing a los 38 minutos y otra en Stuttgart a los 21). El martes, tras cometer un penalti absurdo que el árbitro no señaló, pidió el cambio porque sufría molestias musculares. Otro problema más para Márquez. Pero Guardiola no desiste.