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  10 de Febrero de 2012     Edición de las 19:19 h.  

 

 
Fútbol

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Viernes, 19 de Febrero de 2010 a las 10:19
Tras estar tres partidos consecutivos en el banquillo, sin jugar ni un solo minuto
Guardiola espera que Henry reaccione con urgencia


MARCOS LÓPEZ

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Cuando los elogios, apasionados y continuos durante año y medio de convivencia, no funcionan, toca hacer algo. Cuando la confianza, máxima en un jugador que levantaba sospechas por su irregular rendimiento, se ha quebrado por diversos motivos, solo queda actuar. Y con contundencia. Eso es lo que ha hecho Pep Guardiola con Thierry Henry. No hay mayor condena para un futbolista que no jugar. No existe mayor castigo que verse fuera del campo y transformarse, de repente, en un suplente.
En uno de tantos. En uno que no ha jugado ni un solo minuto de los tres últimos encuentros del Barcelona (Gijón, fuera, Getafe, en casa, y Atlético, fuera). En uno que ha perdido su estatus de intocable para el técnico y ha pasado a ser el último de la fila. Fue el suplente de Pedro, luego el de Iniesta y después acabó siendo el suplente de Bojan, el delantero elegido por Guardiola para salir en los minutos finales del Calderón para intentar empatar el partido. Se perdió Henry el entrenamiento de Palafrugell, el primero realizado a puertas abiertas, alegando que padecía una gastroenteritis. Y desde entonces, ha desaparecido del equipo.
Ha sido fulminante e inesperada la reacción de Guardiola. Ha sido, sin duda, una terapia de choque. Como las buenas palabras no bastaban para provocar una mejora en su rendimiento, el técnico tomó el bisturí y envió a Titi a un sitio desconocido.
Desconocido porque nunca había estado en el Barça tres partidos consecutivos en el banquillo (uno de ellos, el de Getafe, estaba inicialmente en la grada, pero la lesión de Alves le hizo coger el chándal) y desconocido porque se enfrenta a algo que no había vivido nunca. Va mucho más allá de sus pobrísimas estadísticas (dos goles en seis meses, uno en noviembre al Mallorca y otro en diciembre en Jerez). Es algo más profundo.

Una llama que se apaga
De una temporada a otra, Henry, con 32 años, se ha apagado. La llama que iluminó el primer año de Guardiola –con 26 goles en todas las competiciones fue el tercer máximo realizador tras Messi (38) y Etoo (36)–, ahora no se ve por ningún sitio. Cuando jugaba, no brillaba y hasta él, que no ha perdido su aire de estrella mundial en ningún momento, ni siquiera en los malos, tuvo que admitir en su última comparecencia pública que acataría ser suplente. Pues, ya lo es. A diario, se acercan periodistas franceses a Sant Joan Despí buscando respuestas al declive de Henry a pocos meses del Mundial. Y la única respuesta, la tiene él mismo.


 
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