Domingo, 7 de Febrero de 2010 a las 0:47
• El meta azulgrana se llevó de nuevo la ovación del Camp Nou por aguantar al equipo en los malos momentos A Valdés solo lo baten de penalti
Marcos López
PUBLICIDAD
A Víctor Valdés no se le pueden marcar goles normales. Ni mucho menos. Tuvo que ser de penalti como encajara su primer tanto en los cinco últimos partidos de Liga, porque si no el Getafe era incapaz de quebrar las manos del portero azulgrana. Las manos y los pies. Donde no llegan las manos de Víctor, aparecen las piernas, veloces, atentas y oportunas, para dar tranquilidad a un Barça que estuvo más de una hora con 10 jugadores. Pero ni así pudieron con Valdés, un guardameta que se ganó, de nuevo, la ovación de un Camp Nou entregado.
El público se entusiasmó con sus paradas en la primera parte, y le agradeció en la segunda su intensidad defensiva, porque no cometió anoche ni un solo error. Y eso que le faltaba un zaguero. Pero Valdés resistió. Como el Barça, cuyo mayor tesoro no solo radica en las genialidades de Messi e Iniesta, sino también en la fortaleza de un bloque que vio perder en un mismo partido a dos centrales por expulsión. Primero a Piqué, después a Márquez.
Una línea inédita
El único central que resistió en un partido de hombres fue Milito, transformado en el viejo mariscal que tanto había gustado en el Camp Nou. A Gabi, para quien cada partido es un regalo después de vivir un calvario que le ha tenido un año y 10 meses sin ser titular en la Liga, se le vio como en las grandes noches. No se echó atrás, dio siempre un paso hacia adelante y cuando lo necesitó apareció Valdés. El indestructible Valdés.
Si Messi pudo decidir en el 2-0 gracias al tanto de Xavi es porque antes la defensa soportó todo con una línea inédita (Maxwell, Piqué, que luego fue Touré, que luego fue Márquez porque se lesionó Touré, Milito y Abidal). Con tanto ruido ambiental, el mariscal hizo oír su voz acaudillando una zaga sólida y a un portero al que solo batieron de penalti. Y en el tiempo añadido.