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  9 de Febrero de 2012     Edición de las 12:16 h.  

 

 
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Jueves, 4 de Febrero de 2010 a las 20:31
EL ACLARADO
¿Un equipo débil en el cuerpo a cuerpo?


José Carlos Sorribes

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Motivo no hay para encender ninguna alarma. Por supuesto. Pero sí pueden, y deben, extraerse conclusiones de las tres derrotas que ha sufrido el Barça esta temporada, dos en la Liga ACB y una en la Euroliga, la primera de la competición, esta misma semana en Belgrado. Las tres vienen definidas por el mismo tipo de partido: marcador muy bajo, juego aguerrido y ninguna concesión al baloncesto más ortodoxo y de alta escuela, en el que el Barça es un rodillo implacable. En los tres encuentros, 67-65 en la pista del Gran Canaria, 60-59 en Valencia, y 67-66 (y con prórroga) en Belgrado, el equipo de Xavi Pascual ha anotado poquísimo, muy lejos de sus frecuentes exhibiciones ofensivas de esta campaña. Conclusión: el Barça no está cómodo en el cuerpo a cuerpo. Quizá sea ese uno de los escasos puntos débiles del equipo.

La derrota más preocupante es la del Partizan, aunque solo sea porque la clasificación para el play-off de la Euroliga ya no es cosa de dos, sino de tres. Lo que parecía un mano a mano entre el Barça y el Panathinaikos ha encontrado un molesto invitado, que por cierto ya ha derrotado a sus dos grandes rivales. Y a los griegos en su propia pista de Atenas, lo que tiene un mérito y un valor enormes.

En Belgrado, el Barça no salió vivo de un partido planteado como una batalla épica, fuera y dentro de la pista. El Partizan ha hecho de su pabellón de Pionir un verdadero infierno, que recuerda a los que se vivían en Salónica en tiempos del glorioso Aris. Eso sí, los jóvenes partisanos parecen más educados de lo que lo eran los griegos, capaces de lanzar a la pista cualquier objeto que estuviera al alcance de sus manos, fuera un mechero o una silla del pabellón.

En ese ambiente durísimo, el Barça pareció salir acomplejado y sin nadie que tirara del carro como era preciso. No es novedad que toda Europa sabe cómo sacar de un partido a Juan Carlos Navarro, con un marcaje implacable de aquellos que abusan de empujones y todo tipo de contactos que los árbitros no se atreven a sancionar de manera constante en entornos como el del Pionir. Anulado Navarro, y ofuscado Ricky salvo en acciones puntuales, no apareció nadie que cogiera el timón. Y cuando el equipo se rehizo en el tercer cuarto no fue capaz de mantener ese dominio en el final del partido, donde suelen dar la talla los equipos llamados a conseguir éxitos.

Pero la lectura más inquietante del encarnizado pulso de Belgrado es la flaqueza de los hombres altos. Una mirada a la estadística habla de 47 rebotes para el Partizan (¡16 ofensivos!) y 32 para el Barça. Una diferencia demasiado grande y que revela un contratiempo que puede ser peligroso. A la plantilla de Xavi Pascual no le faltan centímetros, le faltan kilos. Ndong, Vázquez, Lorbek y Morris no son unos armarios percheros. Tienen más velocidad que fuerza, lo que saben aprovechar en ataque, pero en la lucha cuerpo a cuerpo les cuesta defender su territorio. Aunque sería injusto achacarles solo a ellos este problema. Mickeal, por ejemplo, también debe ayudar a la hora de enseñar músculo. O mala leche.

Y no he hablado de la polémica final porque poco hay que decir una vez que los árbitros montaron el número durante un cuarto de hora para decidir lo que tenían muy claro desde el principio: la victoria del Partizan. A ver quién se cree que iba a cambiar el marcador delante de los 8.000 partisanos. Y lo que no estaría de más es cambiar el reglamento para evitar confusiones como las del fútbol. Quizá ha llegado el momento de dar un paso atrás y volver a los tiempos en los que no se podía barrer, para evitar problemas, los balones del aro. Que ya lo hacen hasta los bases.


 
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