Lunes, 1 de Febrero de 2010 a las 9:15
El madridismo recurre a los arbitrajes para justificar la supremacía del Barça
DAVID TORRAS
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Más que un enemigo, el Barça es una obsesión para el Madrid y, sobre todo, para quienes se esfuerzan en echar por tierra los méritos azulgranas, hartos de chupar rueda, ni que sea a cinco puntos. Es un signo más del cambio de vida que se ha impuesto entre los dos grandes y que el Barça de las seis Copas ha elevado a la máxima expresión. El Bernabéu es ahora escenario de tics que en otras épocas asomaban a menudo por el Camp Nou y que desde la capital se asociaba entonces a un mal crónico, la
madriditis, un virus que parece haber cambiado de lado. Desde hace tiempo, una
barcelonitis aguda afecta a un sector del madridismo. "Allí tienen que vender periódicos. Cuesta digerir que vayamos cinco puntos por delante", fue la respuesta de Xavi, ayer en el programa
Hat trick del 33.
Semana tras semana, a cada actuación del líder, le sucede una ridícula cantinela que pretende ponerle bajo sospecha, como si la mano que guiara sus éxitos no fuera solo la de Guardiola. Es el cuento del
villarato --el del
cagómetro les estalló con el 2-6--, que ha dejado por los suelos la credibilidad de quienes llevan dándole cuerda, y que ayer volvieron a utilizar para justificar el 0-1 de Gijón. Como si al Barça le fueran regalando los puntos y al Madrid se los quitaran, como si los seis títulos llevaran el sello de Villar.
IMPACIENCIA BLANCA
En este intercambio de papeles, vale todo. Desde mirar las imágenes a su conveniencia hasta pasarse la semana utilizando a Messi para justificar a Ronaldo, en una odiosa comparación que ha dejado un poso de malestar en el club. A la hora de defender a su estrella, el Madrid ha atacado al Barça, su referente para todo. Pero nadie le ha secundado. Al contrario. Se ha quedado solo. Con tanta queja, está muy lejos de ganarse las simpatías que sí congrega el Barça. Por su estilo en el campo y por la imagen del siempre respetuoso Guardiola.
Así que la caza continúa en medio de una creciente impaciencia. En el Camp Nou, en cambio, hace tiempo que dejaron de mirar a los demás. Nada de comparaciones. Nada de quejas. El campeón sigue a lo suyo, pendiente de mejorar y encontrar soluciones a sus problemas. Ni que sean pequeños. El equipo, por ejemplo, ha perdido gol con respecto al año pasado. Ibrahimovic está lejos de los números de Etoo, y Henry está lejos de los de sí mismo. Pero ha ganado en solidez y en fiabilidad. No hay equipo en Europa que haya encajado tan pocos goles (10) y los que se acercan a ese registro no juegan para atacar.
A unos y a otros les espera otra semana larga. Hasta el sábado, otra vez, el día de juego para los dos. El Barça recibe al Getafe de Michel, tan madridista como declarado admirador de Guardiola, mientras que por el Bernabéu aparecerá el Espanyol. Y otra vez, con el Barça abriendo el fuego (juega a las ocho) y el Madrid, a continuación. Sin Ronaldo, al que debe resultarle difícil ver cómo el equipo rompe un muro de 18 años sin necesitarle, o leer y escuchar que juegan mejor sin él. Si en Madrid necesitan un debate para entretenerse ya tienen este. Del Barça que se olviden, aunque es imposible.
CHAMPIONS DE RÉCORD
En su facilidad para batir récords, el Barça ha protagonizado otro muy singular. Esta vez no lo ha hecho solo. Lo ha conseguido conjuntamente con el Manchester, aunque él saliera mucho más beneficiado. Por primera vez en la historia, la final de la Champions fue el acontecimiento deportivo más visto del año por delante de la Superbowl de la NFL, con una audiencia de 106 millones de espectadores, aunque el total de personas que en algún momento siguieron el partido fue de 206 millones. El GP de Bahrein de F-1, con 54 millones, fue el tercero y la final de los 100 metros en el Mundial de atletismo, con 33 millones, el cuarto. Así que también en este episodio, que el madridismo siguió por televisión, el Barça de Guardiola estuvo por encima de todos.