Lunes, 28 de Diciembre de 2009 a las 1:13
EL ACLARADO El 2-6 del bàsquet blaugrana
José Carlos Sorribes
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Llegaba el clásico con una expectación inusual, y no porque un Madrid-Barça de básquet provoque indiferencia. Pero un fin de semana sin Liga de fútbol llevó a una promoción del derbi generosa, sobre todo respecto a lo que suele ser tradicional. Porque al básquet le cuesta horrores ganarse un espacio en los noticiarios de la cadena que tiene derecho preferencial en retransmitir los partidos, o sea TVE.
Quizá se explicara esa expectación por las ilusiones que ha generado la llegada de
Ettore Messina al banquillo del Madrid. Ilusiones que ya se habían aguado las últimas semanas y que el Barça de
Xavi Pascual acabó por arruinar con una victoria histórica en el feudo de su gran rival: 57-79. Nunca antes había ganado el Barça por esa diferencia en la pista del Madrid.
Fue como el 2-6 de la pasada Liga en el Bernabéu. El rodillo del Barça pasó por encima de un rival al que no le quedó ni el consuelo de las importantes bajas que tenía:
Llull, Reyes, Van derSpiegel y Hansen. El equipo de
Xavi Pascual fue fiel a las señas de identidad, defensa férrea y ataque equilibrado, que le han convertido en el conjunto más poderoso de Europa. Y no es una afirmación gratuita. A ver quién puede presumir de haber ganado 21 de los 22 partidos entre Liga y Euroliga disputados esta temporada.
Los azulgranas dieron una soberana lección de juego colectivo, de recursos de incalculable valor en una plantilla amplia en la que todos se sienten importantes. Contra el Madrid no fue
Juan Carlos Navarro quien desempeñó el papel de líder. Poco importó. Porque le suplió en la jerarquía otro elegido para el juego del baloncesto,
Ricky Rubio. El base de El Masnou escogió, como hacen los grandes, el escenario ideal para dejar muestra de su calidad con su mejor partido en los escasos meses que viste de azulgrana. Con 18 puntos y 7 asistencias acalló con un golpe de autoridad, como el que dio el equipo, el injustificadorunrún sobre su escasa aportación ofensiva o su reticencia a mirar el aro.
Ricky dio una lección de jerarquía ante un base tan experto como
Prigioni, que ha sido incapaz el solo de cubrir la importante baja de
Llull en el Madrid. Con partidos como el de Vistalegre, el exjugador de la Penya amortiza de una tacada el importante desembolso que hizo el Barça para cerrar su fichaje.
Ricky tiene una virtud que pocos jugadores poseen: su inteligencia, su clarividencia para leer el juego, para buscar lo mejor para el equipo. Y él ha sido el primero en darse cuenta de que el Barça no precisa para ganar de sus puntos como ocurría en la Penya. Ahora bien cuando ha hecho falta ahí han estado esos 18 puntos con su firma ante el Madrid.
Pero si
Ricky se llevó todos los focos, sería injusto olvidar por ejemplo la efectividad de
Vázquez, la aportación de suplentes como
Sada o
Grimau o el gran hacer de
Morris, que solo anotó tres puntos pero siempre dio muestras de su saber estar. En resumen, todo lo bueno que había apuntado el Barça quedó confirmado en un clásico en el que hubo tanta diferencia que hasta el público acabó pitando a su equipo, con
Florentino Pérez viéndolo desde el palco con cara de circunstancias. Poco debe de saber de baloncesto el presidente blanco pero seguro que solo vio galácticos en un equipo. Y no fue el suyo precisamente.