Domingo, 15 de Noviembre de 2009 a las 11:08
Messi entró poco en juego mientras Xavi e Iniesta hacían correr la pelota de un lado a otro España derrota a la Argentina de Messi (2-1)
CARLOS F. MARCOTE/EP
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No tenía muchas ganas de sonreír anoche Messi en el Calderón. Ya en el túnel de vestuarios, minutos antes de empezar el duelo, se le veía serio, concentrado, tenso. Y eso que cruzó tímidas miradas de complicidad con varios amigos, unos colegas que cada día se encuentra en la ciudad deportiva de Sant Joan Despí. Fue quizá la única vez que se le escapó una sonrisa. Pero duró poco. Y es que Messi sabía lo que le esperaba: correr mucho tras el balón y tocarlo poco. Todo lo contrario a lo que está habituado.
Allí, sobre el césped del Calderón, la estrella argentina repasaba uno a uno a los jugadores de la España más azulgrana de los últimos tiempos. Y en ese rápido análisis vislumbró a Puyol y Piqué en la defensa, a lo lejos. Más cerca tenía a otros tres amigos, rivales ayer: Busquets, Xavi e Iniesta. «Si se ponen a tocar, no la veré», debió de pensar. Y sus temores se cumplieron. De hecho, tampoco tuvo que extrañarle mucho todo aquello. Argentina corría y corría tras el balón y este siempre pasaba de largo. Es lo mismo que suele pasar cuando juega en el Barça, pero ayer estaba en el bando contrario. Lo que daría Messi por tener a compañeros como esos en su selección. De ser así, Argentina sería favorita en el Mundial y Maradona se mostraría intratable, por fanfarrón. Ya lo es con el equipo vulgar que tiene. Imagínense si encima tuviera a los mejores peloteros del Barça. Es más seguro que se conformaría con alinear solo a Xavi, el mismo que «sienta cátedra», en palabras del Pelusa, cada vez que juega.
El valor de la amistad
Poco entró en acción Messi en la primera parte. El balón no llegaba y cuando lo hacía, nada más tocarlo aparecía Busquets convertido en la primera muralla que sortear. Eso sí, patadas, ni una. En ese detalle se descubrió el valor de la amistad. Solo faltaría que alguien lesionara a Messi y que encima fuera jugador del Barça, para desesperación del Camp Nou.
Y desesperado acabó el crack argentino los primeros 45 minutos en los que la selección de Del Bosque arrasó a los dobles campeones del mundo, un honor que Argentina mancilla últimamente cada vez que sale a jugar. Y es que jugar, jugar, jugó poco. Pero rascó con ganas. Donde no llega la clase lo hace la mala leche. Así deambula el equipo de Maradona en su camino hacia Suráfrica mientras Messi anda preocupado por liberarse de la presión a la que le somete todo un país hasta desquiciarle. Y así llega al Barça después de cada una de las convocatorias con la albiceleste.
Por lo menos anoche se fue más tranquilo. No por el juego del equipo, ni porque se atisbe una cierta mejora en un futuro próximo. Se fue algo aliviado porque marcó el tanto argentino. De penalti, sí, cierto. Pero es que delante tenía a Iker Casillas, que ayer cumplía 100 partidos con la selección.
Cara a cara con Casillas
Messi acomodó el balón en el punto de los 11 metros, dio varias zancadas hacia atrás, puso los brazos en jarras, esperó la señal del colegiado. Con la izquierda envió el balón a la red, engañando por completo a Casillas. Igual si hubiera estado Víctor Valdés habría acertado por dónde tiraría el penalti Leo, conociéndolo como lo conoce. Pero Valdés no estaba, ni estará. Aunque esa es otra cuestión.
Argentina reaccionó en la seguna mitad y entonces se vio al mejor Leo. No es que llegara al nivel que muestra en el Barça, pero se le vio más activo. Le llegaban balones, tocaba la pelota, la única cosa que le divierte e impide que se desconecte de los partidos. Algo que Guardiola sabe como nadie y que en el Barça suele evitar colocándolo de falso delantero centro. Messi fue sustituido en el minuto 82. Maradona le besó en la mejilla y se sentó en el banquillo. Seguía sin sonreír, eso que solo hace en el Barça.