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  10 de Febrero de 2012     Edición de las 19:19 h.  

 

 
Fútbol

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Lunes, 2 de Noviembre de 2009 a las 9:57
Abidal y Patxi Puñal pugnan por el balón, ayer en el Reyno de Navarra.
El Barça viaja hoy a Kazan obligado a ganar


David Torras

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En el último momento, el Barça se quedó helado en Pamplona, pero ese chasco final no le ha dejado malherido, más allá del golpe moral de echar a perder un triunfo que tenía en la mano y que habría empezado a minar la moral de otros, en un juego similar al de la pasada temporada, el de la persecución imposible. Así que el empate no es para perder la cabeza. Y no lo ha hecho, sobre todo, con lo mucho que se juega el miércoles en Kazan. Marcha líder, a un punto del Madrid, que ha ido otra vez de un extremo a otro y vuelve a sacar pecho a los dos días de salir de rodillas de Alcorcón.

En el corazón del vestuario azulgrana no hay dudas. El equipo seguirá persistiendo, fiel al ideario que le marca Guardiola día tras día, aunque no ande tan fresco como antes y todo le cueste un poco más. Miren la fotografía. Es justo después del gol de Keita en El Sadar. Mientras los suplentes celebran el 0-1, Guardiola hace un gesto significativo, parece que a Piqué pero también a algún jugador más. Es fácil adivinar el mensaje que intentaba transmitir en esos momentos de júbilo. Algo así, como ahora, pausa y a jugar con cabeza. Quedaban poco más de un cuarto de hora por delante y ese gol era tremendamente valioso para empezar con buen pie el "mini ciclo vital" del que habló el técnico, en alusión a Pamplona y Kazan.

NADA QUE ESPECULAR
El equipo mantuvo la cabeza, pero no lo suficiente, y lo pagó más allá del minuto 90. Le faltó contundencia delante --Messi tuvo dos claras ocasiones-- y le sobró parsimonia a la hora de cerrar el partido. Márquez fue el retrato de esa falta de tensión final, aunque, pese a su error, no merece cargar con toda la responsabilidad del empate. Igual que Piqué y mucho menos Valdés. Por encima de los errores individuales, el equipo nunca se sintió cómodo y tuvo un aire inusualmente especulador. En la segunda parada de este mini ciclo vital no tiene mucho para especular.

El miércoles necesitará cumplir el ideario de Guardiola con más firmeza que nunca, como si tratara de cualquier de las grandes citas que le han conducido a ser el otro Barça de las Cinco Copas. Y tendrá que hacerlo en un viaje insólito, alejado de los grandes escenarios europeos, y frente a un rival sin pizca de glamur, desconocido hasta hace cuatro días, y que, sin embargo,


 
Zerowatts

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