Viernes, 19 de Junio de 2009 a las 11:01
• "Estoy muy contento de haber vuelto", dijo el escolta, MVP de la final Navarro y Andersen, de libro
ROGER PASCUAL
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"Ciutadans de Catalunya, ja la tenim aquí", bramó un emocionado Roger Grimau. El capitán azulgrana, que lucía una camiseta con la cara de su hijo Joel, estaba extasiado cuando, versionando
Els Segadors, celebró el "
el cop de falç" asestado en este junio tras un lustro de sequía. Y qué mejor manera que hacerlo que barriendo al Tau de Dusko Ivanovic, la niebla montenegrina que durante dos años y medio había vaciado las gradas, forzado el exilio de canteranos como Navarro, Marc Gasol y Sada y, con 60 millones de euros, solo había conseguido una Copa. El Palau no le olvida, aunque seguramente no le recuerda de la manera que a él le gustaría. Ayer le dedicó canciones y pancartas poco cariñosas a su extécnico, que estaba ayer rojo de ira al ver que los azulgranas se ponían más morados que la chaqueta que Xavier Sala i Martín lucía, junto a Josep Cubells y Joan Laporta, en el palco.
La suerte de Dusko
"Felicito al Barça pero ha ganado la final con la suerte del primer partido y hoy nos ha ha faltado suerte en algunos momentos", dijo.
"Los resultados están ahí, sobre todo en los dos últimos partidos en casa; hemos demostrado que somos mejores", le respondió Navarro que ensalzó al antiguo escudero del montenegrino, Xavi Pascual, que fue manteado por sus pupilos en la fiesta de celebración.
"Estamos orgullosos por nosotros y por vosotros; el Palau es nuestro santuario", afirmó el preparador azulgrana, que dedicó el título a su abuelo y a Joan Ponce, su antiguo ayudante en el Sant Feliu, ambos fallecidos y que le vaticinaron que un día conquistaría un campeonato en el Palau.
Solo dos hombres no habían estado a las órdenes del sargento Ivanovic. El rocoso Santiago --
"feliz por ser campeones tras casi la Copa y casi la Euroliga"-- y Andersen, el hombre que hasta ayer encadenaba seis ligas entre Italia y Rusia, y que ayer tuvo un papel fundamental en la consecución de la 15ª en la historia azulgrana. El pívot australiano, que ha completado un final de temporada espectacular, de libro. Es uno de los responsables de que el cuento de terror que duraba ya cinco años tuviera un final feliz. No solo por su portentosa aportación ofensiva (18 puntos en los tres primeros cuartos), sino también por su intensidad en defensa y en la lucha por el rebote.
"Esta atmósfera aquí es grandísima. he ganado mucho en mi vida, pero esto es muy especial", aseveró.
Navarro, uno de los que tuvieron que hacer las maletas hasta que escampó el temporal balcánico, volvió a estar espectacular. Elegido el MVP de la final, se abrazó a sus hijas, a las que dedicó el título de campeón.
"Estoy muy contento de haber vuelto a casa. Vine a ayudar a ganar títulos y lo he conseguido. Llego cinco ligas y quiero ganar más, que ya nos tocaba. A ver si el año que viene logramos conseguir la Euroliga".