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  9 de Febrero de 2012     Edición de las 17:39 h.  

 

 
Fútbol

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Domingo, 24 de Mayo de 2009 a las 11:06
EL CAMINO HACIA
El Camp Nou vibra con el bicampeón antes de volar a Roma y la plantilla mantea a Guardiola


MARCOS LÓPEZ
 Foto: Helen Torno

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Una noche eufórica vivió el Camp Nou para despedir al bicampeón antes de pisar Roma, la tierra prometida para que el Barça de Guardiola se convierta el miércoles en el mejor equipo de la centenaria historia del club. Si derrota al Manchester y conquista el triplete, lo nunca visto antes. Una noche hermosa con el estadio festejando el doblete y la plantilla manteando a Guardiola, dejando en el aire una promesa: el jueves volverán con la Champions.
El experimental equipo azulgrana cayó ayer ante Osasuna (0-1), perdió, además, el pichichi --Forlán posee ya dos tantos de diferencia sobre el camerunés--, y ve alejarse el récord histórico de goles de la Liga, con un árbitro madrileño desquiciando al culé. Pura anécdota. Pura porque lo mejor se disfrutó después del bochornoso espectáculo del colegiado Rubinos Pérez, que provocó la mayor pañolada vista en los últimos años por una injusticia sobre un niño, Marc Muniesa (17 años). Debutó y fue expulsado, como Pep.
Entre esa nube interminable de pañuelos blancos, un espontáneo saltó al césped, cruzó el campo y se acercó al árbitro: "Estás loco". La gente luego se puso a chillar --"¡qué malo eres, qué malo eres!"--, combinando, además, una noche surrealista con los gritos de "campeones, campeones", mientras Forlán adelantaba en la penúltima curva a Etoo.

PUYOL, A HOMBROS
Y el villarato con Ángel Villar, el presidente de la federación española de fútbol, en el palco, mientras Joan Laporta, el presidente del Barça, veía disgustado como los niños de Guardiola eran masacrados por el árbitro. Pero todo eso quedó sepultado por la fiesta posterior con el Viva la vida de Colplay transformado ya definitivamente en el himno oficioso de este equipo. ¡Viva el Barça!, gritó el Camp Nou, mientras Carles Puyol, el capitán, izaba la Liga subido a hombros por Pepe Costa, uno de los personajes más queridos del vestuario.
En esta emocionante vuelta de honor al estadio, el culé se fundió en una conexión maravillosa con su equipo. Puyol pedía a Guardiola, el autor de tan bella obra, que lo siguiera. Él lo hizo a su estilo, con las manos en los bolsillos de su traje gris claro, el que no usará en Roma ya que volverá al tono oscuro de la Champions, mirando a distancia, serenamente, abrazado a los suyos como se le vio con Carlos Naval, el delegado. Era la suya una alegría interior. Y como en agosto, cuando dijo que no prometía títulos. "Persistiremos, persistiremos. Abrochénse los cinturones, lo pasaremos bien" el técnico. Y como es un tipo de palabra, lo cumplió. "Permintanme que hable en vuestro nombre. Como si estuviera ahí con vosotros. Levantaros, levantaros para aplaudir y para felicitar al equipo de todo corazón, de toda la gente que está ahí, en Catalunya, en España y en el mundo", proclamó Guardiola, mientras el palco se sumaba a la festiva ola que promovió Piqué, el improvisado conductor de la gala, en el estadio. "No os fallarán en Roma. Seguro", añadió Pep, reclamando "una ovación muy grande" a sus jugadores. "Este equipo ya ha hecho el historia, volvemos el jueves con la Champions", dijo luego Xavi.

UN EQUIPO, UNA FAMILIA
En esa celebración quedó retratado el espíritu de un equipo. Tiene el doblete en la mano, pero no se conforma. Roma es la cumbre a la que aspira el Barça de Guardiola, que fusiona la locuacidad culé de Piqué --"boti boti, madridista el que no boti", 1 gritó--, la humanidad de Iniesta, el "zigi zaga" de Xavi recordando a su entrenador y la memoria de un fútbol sublime para los siglos de los siglos.


 
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