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  10 de Febrero de 2012     Edición de las 19:19 h.  

 

 
Fútbol

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Viernes, 15 de Mayo de 2009 a las 12:33
• La afición culé pidió a gritos a Guardiola que, pensando en Roma, cambiara a Messi para evitar una lesión
La celebración de Mestalla fue una muestra más del espíritu solidario y del ambiente de unidad que inunda el vestuario del Barça


DAVID TORRAS / MARCOS LÓPEZ
 El pasillo de Bojan y Pinto hacia la gloria.
 Foto: Jordi Cotrina

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En medio del grito de "campeones, campeones", con el Barça desatado y el 1-4 en el marcador, en la grada culé empezó a escucharse un cántico que tenía algo de plegaria: "Cambia a Messi, Guardiola, cambia a Messi...". Un ruego guiado por un punto de temor y el pensamiento que la afición ya tenía en la cabeza: Roma. El primer título de este Barça indescriptible dejó un sinfín de detalles dignos de recordar.

LA COMPLICIDAD
Un paseo a solas con Estiarte por Mestalla

Hace un año, todavía estaba jugándose el ascenso a Segunda B con el filial. Ya sabía que su próximo destino iba a ser el Camp Nou, pero su único pensamiento era acabar su primer trabajo como técnico. Y cumplió. Es un hombre de palabra y esa persistencia le ha llevado al éxito. Mucho más rápido de lo que cualquiera podía esperar. En Mestalla, pasada la medianoche, después de haberse quedado en segundo plano durante la celebración pero sin evitar que los jugadores le mantearan, después de abrazarse con su padre, Valentí, uno de los que más sufre por él, Pep salió al césped junto a su hermano Manel Estiarte. Dos figuras solitarias en la noche, una charla entre dos amigos a quienes el Barça ha unido más de lo que ya lo estaban. Lejos de relajarse, el técnico actuaba como si el partido no hubiera acabado y siguiera en el banquillo, gesticulando, hablando, por supuesto, de fútbol. De qué si no.
"Son muy buenos", siguió repitiendo Guardiola, dando todo el protagonismo a los jugadores. En la foto de celebración colgada en la web del Barça, con la Copa, ni siquiera aparece. Se quedó a un lado. Disfrutando a su manera. Al poco rato, ya tenía otra cosa en la cabeza: Roma.

LOS NUEVOS EJEMPLOS
El culé Piqué y las lágrimas de Bojan
A Xavi y Puyol, los más veteranos, se les vio disfrutar de la fiesta de Mestalla con enorme alegría, pero lejos de la locura que vivieron Bojan y Piqué, unos primerizos en estos asuntos. "Lo único que quería es que me dieran la Copa para levantarla pronto e irme con la gente", contó luego el capitán mientras esperaba a que el Rey le diera el trofeo. A su lado, tenía a Xavi. Así han estado en los casi últimos 10 años. "¿Qué me dijo el Rey? Nada especial, solo enhorabuena", explicó el defensa. Xavi, entretanto, bromeaba con los fotógrafos, sacándoles la lengua, mientras por la pradera de Mestalla iban y venían dos jóvenes desatados.
Eran Bojan y Piqué. O Piqué y Bojan. Siempre juntos. Como Xavi y Puyol. Pero con otro estilo. Uno, el defensa, ha completado un año de ensueño. Vino el pasado verano del Manchester para darle, en teoría, minutos de descanso a los centrales titulares (Puyol, Márquez y Milito, si se recuperaba) y ha terminado convertido en una estrella. En el campo, adquiriendo Piqué un indiscutible rol de mariscal, y fuera, donde su condición de culé enfermo, de soci, le ha hecho ídolo del barcelonismo.
El otro que se ha colado en el alma del culé es Bojan, el niño de 18 años que marcó el gol más importante de su vida. Recibió el balón de Messi, pudo dárselo a Etoo, pero decidió que era su noche y trazó un tiro digno de Henry, el veterano que lo apadrina. Así se redimió Bojan de un curso donde jugó más en la Copa --con cinco tantos es el segundo máximo realizador tras Messi (seis)--, que en la Liga. Y luego, lloró.

LA CONFIANZA
Los abrazos de Valdés y Guardiola con Pinto

Ayer, al llegar el Barça al Camp Nou tras una mini rúa por la ciudad, la gente coreó su nombre. En Mestalla, también. Y él, emocionado y eufórico, correspondió enseñando la Copa, su Copa. Es el único jugador que ha disputado todos los minutos posibles del torneo. Desde Benidorm, la primera eliminatoria, a Valencia, la final, en un largo viaje que le ha permitido besar su primer trofeo camino ya de los 34 años. Terminado el duelo, José Manuel Pinto era un niño con coleta larga, pegando botes sin parar. Hasta que se topó con Valdés, compañero, amigo y suplente suyo, fundidos en un emotivo abrazo. Después, se le acercó Unzué, el técnico de porteros, y cuando descubrió a lo lejos la figura de Guardiola salió corriendo y lo abrazó. Sin palabras, pero se lo dijeron todo.

EL AMBIENTE
Milito, a hombros, y Etoo, con 'txapela'

"Si son tan buenos, venga: mañana, la revancha". De madrugada, un seguidor del Athletic desafiaba a otro del Barça con esta bilbainada. De buen rollo, en la misma línea que siguió toda la final, que dejó la imagen de dos grandes aficiones, hermanadas por sentimientos comunes, y que acabó contagiando a los jugadores. Varios azulgranas pasearon la ikurriña y hasta Etoo y Messi lucieron una txapela.
En el vestuario azulgrana, los vínculos entre Guardiola y los jugadores se mantienen desde el primer día. Y, pese al desgaste de una temporada infernal, hoy son más fuertes que nunca. "Es impresionante", gritaba Etoo refiriéndose al técnico, que ha sido tan cuidadoso en el campo como fuera. No se le escapa un detalle y, por ejemplo, no dudó en brindarle a Pedro su momento de gloria. Jugó de titular en el estreno, ante el Wisla, y el miércoles pudo levantar también la Copa.
El equipo tampoco se olvidó de quienes han vivido el éxito desde fuera. Milito, más que nadie. Le levantaron en hombros delante de la afición, como si quisieran que no se olvidaran de él. Otro gran gesto.


 
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