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  10 de Febrero de 2012     Edición de las 19:19 h.  

 

 
Fútbol

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Jueves, 14 de Mayo de 2009 a las 2:15
Una bella jornada para cerrar una cicatriz


Marcos López
 GUARDIOLA SE ABRAZA A SU PADRE AL FINAL DEL PARTIDO
 Foto: Jordi Cotrina

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El viejo cauce del Turia, ya seco, se convirtió ayer en un río rojiblanco, una marea humana de camisetas, corazones e ilusiones que sacudieron Valencia. Un poco más lejos, y no tan céntricos como los vascos, miles de culés iban llegando en procesión hacia la tierra prometida. El espectáculo fue tremendo. Tremendo por hermoso, dada la combinación cromática de ambos clubs, viejas leyendas del fútbol español, confundidos el azul y grana del Barça con el rojo y blanco del Athletic. Tremendo porque más de 50.000 aficionados al fútbol se fundieron en un abrazo lejos de sus casas, cerrando la cicatriz que la final de hace 25 años abrió entre los dos equipos con un final bochornoso de puñetazos, patadas y agresiones.

¿Quién dijo que la Copa estaba acabada? Sumergirse ayer en Valencia, mezclado entre jóvenes, abuelos, niños, padres, hermanos, amigos, era un bello ejercicio ejercicio de amistad y buen rollo. Tú, aquí; yo, allí. O viceversa. En el campo, las dos aficiones acabaron fundidas en una. La grada entera, azulgranas y rojiblancos, acabó cantando «¡Athletic, Athletic! » Los jugadores del Barça, al final del partido, también rindió tributo a la afición vasca. Se aproximó al gol rojiblanco y aplaudió, igual como hizo en el gol propio.

Dedo acusador
El comportamiento de ambas aficiones fue modélico. El único incidente que hubo se saldó como debía. Un descerebrado seguidor del Athletic lanzó una lata medio llena que impactó en la cabeza de Dani Alves cuando iba a lanzar un saque de banda. La propia afición rojiblanca señaló con el dedo al culpable, que fue retirado por agentes de la Policía. La afición culé también se mereció la Copa. Partía con desventaja –unos 10.000 seguidores del Athletic se quedaron fuera, sin entrada–, pero hizo caso a su guía espiritual: «Pónganse la camiseta y vengan al estadio», pidió Guardiola ante el Villarreal. Y ayer volvieron a enfundársela.


 
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