Miercoles, 13 de Mayo de 2009 a las 12:18
LA FINAL DE COPA El grito es: "¡Que bote Juan Carlos!"'
Emilio Pérez de Rozas
PUBLICIDAD
La idea es que gane el Athletic. Poco importa cómo. "Es posible que haya lesionados", pronostica
Caparrós. Hombre, no está mal. Es posible, sí. Depende de cómo se juegue, ¿no? "Nuestras opciones pasan por plantear un partido físico, duro y agresivo", remata el fino estilista
Llorente. Vamos bien, sí, vamos bien. "
Medina Cantalejo es paisano mío", añade el míster rojiblanco. Bueno, ahora ya empiezo a mosquearme. "Esta Copa debe ser para el Athletic por el bien del fútbol", proclama
Clemente.
¿Qué hacemos? ¿Bajamos a jugarla o nos quedamos en casa? ¿Qué broma es esta? O sea, resulta que el Barça deleita al mundo --a todos, a vascos, a catalanes, a españoles, a ecuatorianos y malayos-- con el mejor fútbol del mundo y de la manera que se lo premia el fútbol es entregándole la Copa al Athletic porque "sería bueno" para ese deporte. Pues no: lo bueno sería que la ganase no ya solo el que más se lo mereciese, sino el que mejor jugase y más la persiguiese. Y no el que escogiese el paisano de
Caparrós.
Se diría que hasta les sabe mal no ya que el Barça juegue lindo sino, incluso, que gane, cuando gracias al virtuoso juego que despliegan los azulgranas se ha vuelto a hablar del fútbol como un deporte bello y no como un espectáculo en el que únicamente interesa el resultado, llegue por la vía que sea. Es una final, cierto, y las finales se juegan para ganarlas. Pero, como dice
Guardiola, el Barça no conoce otro camino para ganar que jugar bien. Y a eso bajará a Valencia.
Yo estoy a favor del
Follonero y voto porque bote
Juan Carlos. Jordi Évole ha preparado una fiesta en plena final. Anoche, en el concierto de Tequila, ya pactó con la afición vasca y hoy buscará el acuerdo con la catalana en su punto de encuentro de Valencia. No será fácil poner de acuerdo a 40.000 aficionados "que muy monárquicos no serán", como dice el
showman. Pero el
Follonero prefiere escoger la vía del humor para quitar hierro a tanta transcendencia. Así que ojalá logré que, de pronto, todo el estadio coree la consigna:
"¡Que bote Juan Carlos, que bote Juan Carlos!"