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  9 de Febrero de 2012     Edición de las 19:19 h.  

 

 
Fútbol

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Jueves, 7 de Mayo de 2009 a las 10:21
A ROMA CON SAN ANDRÉS
El Barça alcanza su sexta final de Europa tras un partido épico, de fe, ante un rocoso Chelsea


DAVID TORRAS

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Todos los caminos llevan a Roma, pero ninguno tan celestial y asombroso como el que tomó anoche el Barça. Fue un milagro. Tal cual. Tenía que estar escrito en alguna parte porque está más cerca de lo sobrenatural que de la razón. Cuando al reloj ya le sobraba el minuto 90, San Andrés Iniesta cazó un balón y disparó con la fe que otras veces le falta, como si sintiera que era el día y el momento, que era o ahora o nunca. Y esa pelota voló hacia la escuadra de Cech como voló el cabezazo de Bakero en Kaiserslautern, como si quisiera cerrar un círculo mágico. Londres, Wembley, Pep, y otra vez Pep. Sí, el Barça ya marcha camino de Roma donde le espera el Manchester, el campeón. El triplete sigue al alcance de la mano y, tras lo de anoche, nada es imposible.
Un empate (1-1), quién lo diría para un equipo que solo sabe ganar, le abrió al Barça las puertas del paraíso. En un segundo, la historia dio un tumbo y sonrió a un club, poco amigo de ganarse las cosas por la via épica como acostumbran otros. Todo estaba perdido. Más que perdido. Con 10 jugadores, contrarreloj, con el Chelsea amurallado y sin haber tenido apenas una ocasión en todo el partido. No había nada que hacer. Así que hasta la próxima. Que la Liga ya está en el bolsillo y tal vez la Copa le haga compañía. Nada de quejas. Este equipo no se las merece. En esos estaban miles de culés, hasta que San Andrés se dijo que era el día y el momento. Y chutó. Y ahí, a más de uno, se le acelerará el corazón al recordarlo. Hoy, mañana y siempre.

PREMIO MERECIDO
No es fácil digerir tantas emociones. En apenas cinco días, los culés han vivido dos de los episodios más inolvidable de la historia. No puede ser casualidad. "Pedir más sería un delito", dijo Piqué en el Bernabéu. Pues sin pedirlo, alguien le ha dado a este equipo otro gran premio, tal vez en reconocimiento de lo que le está regalando al fútbol. Por su honestidad, por su valentía, por su estilo. Le ha dado más que el Chelsea, desde luego, aunque anoche estuvo muy cerca de morir mucho antes de la aparición de Iniesta. A su lado, en la lista de héroes, hay que hacer hueco para Valdés, el hombre que, como Zubizarreta --presente ayer en la grada-- en Kaiserslautern, dejó con vida al Barça, igual que hizo en París, con varias paradas decisivas. Más que suficiente para borrar por siempre las dudas que le acompañan.
El Chelsea necesitó solo nueve minutos para poner cuesta arriba el duelo. Lo hizo Essien, que recogió un rebote y lo convirtió en un chutazo tremendo. Si Hiddink tenía un guión distinto, lo cambió al instante. El equipo echó el culo un poco más atrás, con hasta 10 hombres por detrás del balón, y Cech se erigió en el origen de todo y Drogba en el final. En el intermedio, la nada. El Barça quedó más tocado en el campo que en la grada, donde 3.000 entusiastas culés no dejaron de empujar, con una fe y una alegría inusual, un signo más de la confianza que se ha ganado este equipo tras el 2-6 del Bernabéu. Y así estuvieron sin parar, con 11 y con 10, hasta el último suspiro. Peleando, tocando pero también chocando contra esa roca azul.

EL MILAGRO
Chocó y chocó. Una y otra vez. Perdió a Abidal por expulsión, y siguió luchando, en un ambiente infernal, con Stamford Bridge levantado en armas contra el árbitro, reclamando un penalti detrás de otro. Alguno hubo. Guardiola se desesperaba y el reloj avanzaba deprisa, deprisa. Se acabó. ¿Se acabó? No, todavía no. Había que esperar. Un balón perdido, una intentona más, bahhh, se acababa el tiempo. ¿Se acababa? No, ahí estaba Iniesta. Era el día y la hora. Y el milagro.
La puerta está abierta. Al Barça le espera otra batalla. Durísima. Por el camino ha perdido a Márquez y ayer a Alves y Abidal. Toda la defensa rota. Así que Guardiola podrá decir más que nunca lo de siempre. "Hay que atacar". Un ángel de la guarda está a su lado. El camino parece escrito: Londres, París...Roma.


 
Zerowatts

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