Lunes, 4 de Mayo de 2009 a las 9:15
EL CLÁSICO MÁS FÁCIL PARA VALDÉS Valdés: Las manos de la tranquilidad
EP
PUBLICIDAD
Aunque encajó dos goles en dos cabezazos, uno de Higuaín en el primer remate del Madrid y otro de Sergio Ramos a balón parado, Valdés tuvo uno de los clásicos más tranquilos que pueda recordar nunca. Terminado el partido, se arrodilló en el césped y miró al cielo. Después, abandonó su condición de portero del Barça para convertirse en un
culé enfermo. En un aficionado que disfrutó de la noche que tanto había deseado.
En la distancia miraba, eso sí, a Casillas, respetando el dolor del portero con quien siempre se le ha comparado. Vestido de negro, como los guardametas de otra época, reaccionó con eficacia al poco trabajo que le dio el Madrid. Valdés repelió un disparo de Higuaín, a quien achicó con astucia los espacios, reaccionó con reflejos a un rebote de Alves para evitar el autogol, se agachó un par de veces para recoger la pelota del Madrid y salió sonriendo del Bernabéu.