Lunes, 4 de Mayo de 2009 a las 9:14
EL REGRESO TRIUNFAL DE PIQUÉ El gol de 'Piquenbauer'
JOAN DOMÈNECH / MARCOS LÓPEZ
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Sonará a blasfemia, y a exageración, pero desde hace unos días se escucha el nombre de Beckenbauer cuando Piqué entra en acción. Unas dosis de elegancia en el movimiento, otras de limpieza en el corte ante el delantero, unas cuantas de precisión en el pase corto y unas pocas y elegidas subidas al ataque asocian al central azulgrana con las virtudes que caracterizaron al célebre defensa del Bayern de Múnich, entrenador, directivo, presidente y totem de Alemania y el fútbol mundial.
Palabras mayores, seguramente, que sirven para describir la dimensión que ha supuesto la llegada --el regreso-- de Gerard Piqué al Barça. El recambio de Márquez y Puyol se ha afianzado en la titularidad por la consistencia y la regularidad que ha exhibido. Recibió su bautismo de fuego en el Bernabéu, un estadio exigente como pocos, tal vez como ninguno desde el prisma barcelonista, y salió convertido en
Piquenbauer tras cuajar una actuación sensacional. Al borde de la perfección. Con la guinda de un gol emblemático. Por dos razones. Porque superaba la mano del 0-5 de 1974 --el primer 6 del Bernabéu les pertenecerá para siempre a ellos-- y porque suponía el número 100 que marcaba el Barça en la Liga.
ESTRENO DE CAMPEONATO
Ya había marcado un gol en la Champions (al Sporting en Lisboa) y en la Copa (al Espanyol) y le faltaba estrenarse con un gol de campeonato. En el minuto 83. En una subida al ataque innecesaria. "¿Que qué hacía en el área del Madrid? Pues marcar un gol en el Bernabéu", contestó el sábado por la noche, después de admitir, obligado por Dani Alves, que promovió los gritos de "campeones, campeones" en el vestuario.
Subió por puro instinto. Sobrado de fuerzas y de confianza por un partido que discurrió de una forma inimaginable. Para él y para el equipo. Evocando a Beckenbauer en la elegancia --conduce el balón sin mirar al suelo--, en la limpieza --no cometió ninguna falta y recibió una de Higuaín--, en la precisión --solo falló nueve de los 55 pases que intentó-- y una subida al ataque. Solo una. Pero elegida a conciencia.
RECUPERACIÓN Y GOL
Había recuperado el último balón y lo abrió hacia la banda, donde empezaba a cabalgar Etoo. Siguió la jugada, como mandan los cánones, abriendo en canal la zaga blanca por el centro. Ante el sorpresa general del banquillo. "Pero ¿dónde va?", se preguntaron los técnicos, incrédulos. Asombrados por lo que veían desde el banquillo. Estupefactos ante semejante transgresión de ver al central adelantando a todos sus compañeros para ser por un instante delantero centro. Pero sin reproches.
Etoo le centro el balón porque solo Piqué creyó en esa jugada. Remató al cuerpo de Casillas y corrió hacia el rechace ante la mirada de Cannavaro, que nunca fue y nunca será Beckenbauer, aunque ganara un Balón de Oro. Se giró sobre sí mismo, amagó un centro atrás y coló el balón junto al poste.
"Ha sido una noche especial. Cuando pasen los días seremos más conscientes de todo esto", admitió Piqué. Inolvidable. Para quienes la vieron por televisión y colgados en el tercer anfiteatro del Bernabéu y para quienes la jugaron.
Con el Barça por las nubes, en sentido literal y figurado,
Pickenbauer volvió a ser el chaval de 22 años que ha revolucionado el vestuario con sus ganas de jarana. Ha revolucionado también los viajes, rompiendo la formalidad que se le supone a un jugador del Barça. Con su
Ipod, una vez más, le puso música a una gesta.