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  2 de Septiembre de 2010     Edición de las 19:38 h.  

 

 
Fútbol

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Domingo, 3 de Mayo de 2009 a las 0:00
'Y colorín colorado'...


Emilio Pérez de Rozas

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Pobre Cibeles, durmió sola. Y mira que la protegieron con vallas y demás, creyendo eso que dijo Bernd Schuster, desde no se sabe dónde (ya nadie sabe dónde está ese hombre), eso de que en México hay la nueva gripe y “en Barcelona, madriditis”.

Pobre Cibeles, durmió sola mientras aún hay gente dando vueltas por las Ramblas, por Canaletas, celebrando que esto ha terminado. Y que ha terminado como empezó: con victoria del Barça, perdón, perdón, con goleada al Madrid.

Y es que, amigos, la era Juande, esa que convirtió al Madrid en el equipo revelación de la temporada, de la Liga, del siglo, empezó en el Camp Nou con derrota 2-0 y ha quedado finiquitada, en espera de nuevo presidente, nuevo entrenador y nuevo ídolo (¿dónde se metió esta noche Raúl, el que no hace nada?), en el mismísimo santuario blanco.

No hubo partido. Ni hubo rival. Ni hubo candidato. Ni pretendiente. Ni segundo. No es fácil enmudecer todo Madrid, media España, parte del mundo. Y el Barça lo hizo. Y lo hizo sin renunciar a su estilo por más que muchos, muchos, sobre todo desde Madrid (por ejemplo, Juande Ramos) le pidiese que reservase a sus mejores jugadores para Stamford Bridge.

Juego lindo
El Barça empezó el año, la temporada, su refundación jugando lindo, luciendo bien, atacando, atacando, tocando y goleando. Y piensa terminarlo del mismo modo. Y así va a ganar los títulos que sean, que puedan, que le dejen. Pero no será, no fue, no podía ser el Madrid el primero en quitarle el placer de coronarse como el mejor.

Ya lo era pero si había que demostrarlo en el Bernabéu, si los que tenían que provocar el miedo escénico eran ellos, su equipazo, su estilo de toque, de ayuda, ¡pues se hace y punto! Desde hace diez minutos, el Barça ha empezado a descontar los minutos, las horas, los días y las semanas, ni siquiera meses, que le quedan para coronarse, de nuevo, rey y, sobre todo, destronar al campeón, a ese Madrid que convirtió en un juguete.

Fue más de una manita, pero pudieron ser dos. Fueron seis, pero pudieron ser 12. Fue una exhibición, pero pudo ser un circo. Fue una maravilla, pero pudo ser una ópera. Fue un partido de fútbol, pero acabó convertido en una obra de arte. Fue un partido inventado por Pep Guardiola y padecido por Juande Ramos, que anoche, sí, anoche supo que está despedido. Fue una noche que empezó en blanco y negro y concluyó en azulgrana. Fue un tanteo de tenis, pero era un encuentro de balompié. Fue de noche, pero apareció el sol.

Pobre Schuster, ya no está ni para pronósticos ni para estos tratos. Y pobre Cibeles, que sola durmió anoche. Y qué ruido hay aún en Canaletas.

Solo queda la rendición
Ya nadie habla de canguelo. Ni de villarato, hasta el árbitro se vistió a menudo de blanco e interrumpió más de un avance de Iniesta. Se acabaron las portadas intimidando. Ya solo queda la rendición. La leerán mañana. En Madrid, en España, en todo el mundo. Esas páginas estarán mañana en el despacho de Guus Hiddink, el entrenador del Chelsea, que el martes, en el Camp Nou, creyó ganar. Desde anoche, sabe que puede perder.

Algo tan hermoso como lo que construyó el Barça durante ocho meses no podía concluir de forma más bella que con este pletórico, redondo y majestuoso 2-6. Esa es, realmente, la diferencia que hay, hoy en día, entre el fútbol del Madrid y el juego del Barça. Hubo Liga y hubo clásico hasta que lo decidió el Barça.

Hasta esta noche.


 
Zerowatts

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