Viernes, 24 de Abril de 2009 a las 8:15
Una nota de color que molesta
DAVID TORRAS
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Justo cuando más ganas tiene todo el mundo de mirar al campo, al club le ha dado por quitarle la pelota al equipo y ponerse a jugar un partido que no estaba previsto en el calendario. El nombramiento de
Xavier Sala Martín y
Magda Oranich a estas alturas de la temporada resulta tan forzado que hay que darle muchas vueltas para encontrar una explicación. La tiene, claro, y obedece sobre todo a una apuesta de
Joan Laporta, que ha dejado en fuera de juego a buena parte de la junta, especialmente, a quienes andaban flirteando con el papel de sucesor, como
Jaume Ferrer o
Joan Franquesa.
Sala Martín no entra en la junta como un directivo más. No lo será. No ya porque sea imposible que pase desapercibido y se dedique a trabajar en la sombra, sino porque su llegada responde a un plan de futuro. Es el elegido por
Laporta y alguien más para ser el candidato continuista en las elecciones del 2010. Otra cosa es que llegue a serlo. De momento, no ha entrado con buen pie. Ni dentro ni fuera del club.
Más allá del detalle de ser socio desde hace muy poco, un paso obligado para asumir el cargo de presidente de la comisión económica estatutaria,
Sala Martín no es un entusiasta del fútbol. En más de una conversación ha reconocido que no le interesa, aunque este distanciamiento no evitó que metiera la pata y comprometiera al club al comentar que
Ronaldinho y
Deco estaban apartados del equipo por su vida relajada. Tuvo que pedir disculpas.
Su etapa como presidente accidental en verano pasado no dejó un gran recuerdo. Lejos de mantener una postura de neutralidad, desautorizó a quienes apoyaron la moción de censura. Ahora, a la vista de su complicidad con la directiva, lo que se puede cuestionar es su independencia como tutor de la salud económica del club.
Quienes están más interesados en el politiqueo cara a las elecciones que en disfrutar del Barça, ya tienen algo más para intrigar. Al resto, a casi todos, les trae ahora mismo sin cuidado quién será el próximo presidente. Pero si hay algo que a los culés no les hace gracia es que lo que más llame la atención del Barça sea el palco. El toque de color ya lo pone el equipo.