Lunes, 20 de Abril de 2009 a las 9:32
• El equipo de Guardiola se enfrenta al tramo decisivo obsesionado con aprovechar una ocasión histórica El Barça se va de viaje de fin de curso
DAVID TORRAS
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Hace ocho meses, en un Camp Nou con ganas de recuperar la ilusión pero sin poder sacudirse de encima el escepticismo de dos años de fracasos, Pep Guardiola lanzó al aire una promesa que entonces pudo sonar a frase bien hecha sin más. Bajo el lema de la persistencia, el técnico empeñó su palabra de honor en el Barça que acababan de entregarle. "Abróchense los cinturones, que lo pasaremos bien", proclamó. Sin dejar de tocar con los pies en el suelo, Guardiola ha guiado al Barça por las nubes. Ya es inolvidable, pero ahora llegan las emociones fuertes. Es el viaje de fin de curso.
Aquel compromiso, en la presentación del Gamper, se ha convertido con el tiempo en una especie de profecía. La realidad ha superado incluso al propio autor, que en un año ha pasado de patear los campos de Tercera a tener delante un calendario incalcanzable para cualquiera. Ha pasado de pelear por el play off de ascenso a Segunda B a aspirar al triplete (Champions, Liga y Copa), en medio de una ola de admiración que está ya por encima de los éxitos. Un triplete que solo está a su alcance después de que el Manchester fuera ayer eliminado de la
Cup por el Everton en la tanda de penaltis.
PROBLEMA DE HORARIOS
En contra de lo que muchos pensaron cuando escucharon aquellas palabras, el Barça ha ido mucho más lejos de lo que esperaban, sobre todo, los que no estaban dispuestos ni a darle el beneficio de la duda a Guardiola. Ni 100 días de gracia. Y algunos, ni 10. Él tampoco los pidió.
Después de no parar de ascender en toda la temporada, ha llegado la hora de abrocharse los cinturones. Hay mucho en juego. Y sin respiro. Precisamente, el calendario y la elección del horario de los partidos en la Liga es una complicación adicional para el líder. Por ejemplo, la visita a Valencia del sábado. El club desearía jugar a las 8 de la tarde para tener más tiempo de descanso ante el compromiso del martes con el Chelsea. Pero la hora fijada es a las 10 de la noche, con lo que llegará de madrugada. Antes, el miércoles, llega el Sevilla, con las bajas de Adriano y Palop, y la ausencia del técnico Manolo Jimenez, sancionados ayer en Valencia.
El Madrid también anda enredando y se muestra reticente a adelantar el duelo del Bernabéu al sábado, tal como ha solicitado el club azulgrana para poder preparar la visita a Londres. De momento, el clásico está en el aire.
También está en el aire en qué situación estarán los dos ese día. La distancia de seis puntos se mantiene inalterable en un pulso que lleva camino de pulverizar todos los récords. Ahora mismo, el Barça lleva 78 puntos, 11 más que los que sumó en toda la temporada pasada, y todavía quedan 21 por delante.
"El equipo correrá, no os preocupéis", fue otra de las promesas de Guardiola. Y otra que se ha cumplido. No ha dejado de correr desde el primer día, incluso cuando las cosas no han salido bien. Ahora, parece preparado para seguir haciéndolo, ajeno a cualquier signo de fatiga o presión. En el vestuario reina el entusiasmo, la convicción de tener en la mano una ocasión única y van a por ella. Nada les detiene, ni siquiera la sospecha de que hay quien intenta ponerles más obstáculos de la cuenta. El arbitraje de Getafe ha dejado la sensación de que tanto error no es casual.
Lo que no es casual es la situación en la que se encuentra el Barça. Ocho meses después de emprender esta aventura de la mano de Guardiola, el equipo ya ha cumplido con su palabra de honor. Ahora, espera acabar este vuelo excepcional con el final que merece. El equipo no necesita el cinturón. No tiene miedo.