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  10 de Febrero de 2012     Edición de las 19:19 h.  

 

 
Fútbol

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Jueves, 5 de Marzo de 2009 a las 9:54
PRIMERA FINAL A LA VISTA
El Barça peleará por la Copa, 11 años después del último título, ante un Athletic que arrasó al Sevilla


EMILIO PÉREZ DE ROZAS / EP

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El fútbol ya tiene la final soñada. Barça y Athletic, los dos reyes de la Copa, poseedores de 24 y 23 títulos, respectivamente, se convirtieron anoche, de forma bien diferente, con estilos opuestos, en los finalistas esperados. El 12+1 del próximo mes de mayo, catalanes y vascos, culés y leones, tradición y modernidad, se verán las caras, en Valencia, en una final apasionante. Casi tanto como las dos semifinales que se vivieron anoche en el Ono estadi y en San Mamés, donde Barça y Athletic escogieron caminos muy distintos para alcanzar la meta.
Los azulgranas consiguieron su pasaporte de forma inesperada: jugando mal, asustados, encogidos, con casi todos los reservas y salvados por un Pinto prodigioso, que le detuvo un penalti a Pep Lluís Martí. El primer antiBarça de la temporada sobrevivió en Palma tras renunciar a lo que había anunciado su entrenador: dominar el partido, atacar, atacar y atacar. No fue así y sufrió hasta el instante en que Messi, que acudió al rescate del equipo, marcó el tanto del empate. Era, sí, el quinto partido que el Barça no ganaba (Betis, Espanyol, Lyon, Atlético y Mallorca), pero el empate significaba la primera final en 11 años para los culés.
Ese Barça desconocido, o no tanto, ese Barça timorato, fue la cara oculta de unas semifinales que vivieron su parte heroica en San Mamés. La catedral llevó en volandas a sus leones, que ya se habían clasificado en el minuto cuatro. El Athletic eliminó y humilló a los chicos de Del Nido, el presidente que, en un ataque a lo Boluda, había anunciado que se iban a comer a los leones "de la melena a la cola". Por eso el estadio del santo más futbolero del planeta despidió a los sevillanos al cántico de "¡Del Nido cómeme el rabo!".

SIN CONTROL
La noche en que Bilbao descubrió la luz, al Barça se le volvieron a fundir los plomos. Y suerte de que enfrente tenía a un Mallorca que, si se lo creyó en algún momento, dejó de hacerlo tras el paradón de Pinto. Cuando Guardiola gritó, el pasado martes, "¡que me sigan, yo soy el líder!", todos pensaron que, en efecto, aquella era la voz de alguien que había decidido que el Ono Estadi fuese la rampa de salida de un nuevo impulso. No fue así. La alineación, sin Valdés, Márquez, Messi, Etoo, Henry y Xavi, entre otros, presagiaba un partido de control, una renuncia a ganar a lo grande, a lo Barça, a lo dream team. Todo el fútbol control que el Barça había rechazado durante cinco meses, la falta de amarre, de conservadurismo que le impidió salir vivo del Calderón, aparecieron, de pronto, sobre el césped de Palma.

MIEDO EN EL CUERPO
No solo pidió que lo siguieran a ciegas, sino que Guardiola se atrevió a más, a mucho más. Se atrevió a jugar con los otros. Cierto, Iniesta pudo sentenciar, imitando a Javi Martínez en San Mamés, en el minuto dos de juego, pero Lux frustró el gol. Y, a partir de ahí, los culés creyeron que estaba todo hecho. O casi. Un zapatazo del Chori Castro, en el 45, metió a los barcelonistas en el vestuario sabiendo, temiendo, que podían, no solo perder, sino ser eliminados de la Copa, el torneo que tienen más fácil de ganar. No anoche, desde luego.
El rey de Copas estuvo a punto de ser destronado por renunciar a lo que es, el rey del fútbol. El poseedor de 24 títulos pudo no tener opción a alcanzar los 25. Pero, a falta de Valdés, apareció Pinto, que se ganó la final deteniendo un penalti. Esa parada dio vida al peor Barça de la temporada, al conjunto más desdibujado, a un auténtico anti-Barça. Fue, sí, como reconoció Guardiola, un partido digno de "esta etapa tan tonta de la temporada". Pero un partido que el Barça jugó contra su libro de estilo, que le obliga a ganar. Esa renuncia convierte la clasificación, la victoria, el empate, en un premio menos brillante, ejemplar, futurista, sí, pero pobre para la talla del Barça. "Con este viento era imposible jugar mejor de lo que lo hemos hecho", dijo Guardiola buscando una explicación a su anti-Barça.
Jugaron los otros y marcó Messi. La final de Copa, que lo sepan, se juega el sábado, en el Camp Nou. Es seguro que ese Barça-Athletic lo disputarán los buenos, los titulares. Y es seguro que lo jugarán a ganar. Al ataque. Esperemos.


 
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