Domingo, 14 de Diciembre de 2008 a las 11:27
ODA A LA PERSISTENCIA El Barça acaba con la resistencia del Madrid en una noche de miedo que tuvo un final glorioso
DAVID TORRAS
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Los jugadores azulgranas festejan el segundo gol, obra de Messi Foto: Jordi Cotrina
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Persistir, persistir persistir. Esa fue la promesa que lanzó Pep Guardiola y ese juramento llevó al Barça a la gloria. En medio de una noche de miedo, en un Camp Nou a un paso de perder la fe, el Barça nunca desfalleció y acabó con la resistencia de un Madrid pequeño pero luchador, que estuvo cerca, muy cerca, de salir vivo de la encerrona. Al final, cuando más duele, Etoo y Messi (2-0) provocaron una explosión más entusiasta incluso que la goleada esperada.
El Barça se acostó más líder que nunca, con el Madrid a 12 puntos y tras haber sumado 9 de 9 contra los tres grandes (9 goles a favor y 0 en contra), y la sensación de que la Liga no debería escaparse. Le costó encontrar lo que buscó ansiosamente desde que salió "a por ellos", víctima de esa obsesión por recuperar cuanto antes todo el tiempo perdido y saldar las muchas deudas pendientes que dejó en el pasado. Pero el triunfo llegó por el camino que ha emprendido este equipo, por la vía del esfuerzo, del sacrificio, de la solidaridad, de la honestidad. De la persistencia. Cuando el Camp Nou tenía el corazón encogido, preso de ese temor tan culé que nunca acaba de enterrarse, Etoo metió el pie con la determinación que le faltó antes en el penalti, después de que Puyol saltara a las nubes para cabecear por encima de todo el Madrid. Messi dibujó después un cierre precioso, con una vaselina simbólica. El Madrid está hoy muy por debajo y tiene pinta de que va a pasarlo mal.
DEMASIADA ANSIEDAD
Y todo en medio de la lluvia, que a punto estuvo de aguar la fiesta que se disponía a vivir el Camp Nou. Ni siquiera pudo dibujar el mosaico. No parecía un mal presagio, pero pudo serlo porque hubo largos silencios. El primer día que el estadio se llenó, más de la mitad de los culés quedaron empapados y, sobre el césped resbaladizo, el equipo actuó todavía más acelerado de lo que ya lo hubiera hecho en seco, movido por una mezcla de entusiasmo y ansiedad fruto de un ambiente sobreexcitado.
En el palco, en cambio, ni rastro de furia. Laporta y Calderón andan de la mano, hermanados por las crisis que viven desacompasadamente, pero les ha llevado a una extraña y antinatural solidaridad. Mientras el Camp Nou rugía, ellos charlaban amistosamente, pese a que en el fondo la desgracia de uno es la salvación del otro. Pero van de buen rollo, nada que ver con lo que sucedió en el campo. En cuanto el balón rodó, Messi empezó a volar por los aires, como si Juande hubiera puesto precio a su tobillo. Uno detrás de otro, los madridistas fueron en busca de esa recompensa, dispuestos a echar del escenario al mejor artista,
y le cosieron a patadas hasta apagarlo. O eso creyeron. Ilusos.
Total, el Madrid no vino a dar una función de buen gusto. Le bastaba con sobrevivir y dejar correr el tiempo. Cualquier medio justificaba ese fin. Al cuarto de hora, el partido ya era de una intensidad insufrible, con el Barça dominando de principio a fin, pero sin poder romper la tela de araña blanca, metido atrás, en una imagen más digna de un equipo pequeño que de un grande, obligado por la falta de estima y, sobre todo, por las bajas. Muy lejos del nombre que lleva.
Incluso en esa situación, claramente de inferioridad, tuvo a tiro ponerse por delante. Suena extraño, pero sucedió. En un contrataque, Drenthe se plantó solo ante Valdés. Pero entonces emergió el cuerpo del portero y libró al Camp Nou de sufrir un chasco de padre y señor mío. Tuvo otras apariciones salvadoras. Valdés merece como el que más la gloria. Casillas la tuvo en la palma de la mano, en un tremendo duelo de porteros. Lo paró casi todo, en especial un penalti que Etoo se empeñó en lanzar, después de otra peculiar negociación con Messi. Pero al Madrid ya no le basta con Casillas, ni tampoco ese punto heroico que ofreció durante un buen rato.
Lluís Llach pedía una "aspirina" para alegrar Catalunya. Tardó en llegar, pero sabe a gloria. El Barça va abriendo el camino.