Domingo, 14 de Diciembre de 2008 a las 11:24
• La afición celebró al final el triunfo a lo grande La lluvia no impide la mejor entrada del año
ROGER PASCUAL / EP
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Como era de esperar, el lleno del Camp Nou llegó el día del Madrid. Nadie quiso perderse el clásico de la Liga y menos con los vaticinios de goleada proclamados durante la semana. Dio igual que se tuviera que ir con chubasquero y paraguas. Ningún culé quiso perderse el partido del año, que atrajo a 96.059 espectadores. Por eso el atasco que se produjo antes del encuentro fue monumental. Cierto que a ello también contribuyó la lluvia. Tanto esperarla hace seis meses y ahora parece que no se mueve de nuestras cabezas. Lástima, porque un chubasco siempre desluce una fiesta así, pero tratándose de agua es mejor no quejarse porque luego se le echa en falta.
ENFADO DEL PÚBLICO
Así las cosas, todos empezaron remojados. La afición, que tardó en llenar las gradas esperando a que el aguacero se marchara, y los jugadores. Aunque de entre todos, uno de ellos chorreaba a los pocos minutos de empezar. Era Messi, que se hartó de ir por el suelo por tanta patada que recibió buscando sus maltrechos tobillos. Y, claro, el Camp Nou rugió de rabia. No es que hubiera rayos y truenos, pero lo pareció.
La ilusión inicial por el deseo golear al eterno rival en apenas un cuarto de hora se fue diluyendo poco a poco y todos se dieron cuenta que la misión costaría más de lo esperado. Aunque nadie debería extrañarse porque Guardiola ya lo advirtió a todos: "el 6-0 virtual ya se ha jugado. Ahora llega el partido de verdad". Y vaya si llegó.
El Camp Nou fue modificando su sonrisa inicial por un mosqueo considerable. Y aquí la lluvia no tuvo nada que ver. El responsable fue el árbitro, Medina Cantalejo, excesivamente permisivo con los blancos. Todo pareció cambiar con el penalti a Busquets, pero Casillas decidió volver el día menos deseado y el culé maldijo su mala suerte. Ya no se trataba de golear, no, simplemente de ganar, aunque fuera por 1-0 y en fuera de juego. Y el tanto llegó, y fue legal, y lo metió Etoo, que enloqueció para resarcirse de fallo. Y luego llegó otro de Messi. El Camp Nou estalló de júbilo. La lluvia daba ya igual.