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  29 de Julio de 2010     Edición de las 10:45 h.  

 

 
Fútbol

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Jueves, 13 de Noviembre de 2008 a las 11:00
EL AMBIENTE EN EL CAMP NOU
Sin apenas socios en la grada, los precios populares evitaron un paisaje desolador


SERGI LÓPEZ-EGEA/EP

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Encontrar anoche un socio en la grada del Camp Nou resultaba casi tan complicado como hallar una aguja en un pajar. Tal vez por televisión no se apreció el detalle. No todo se ve a través de la tele. No todo se escucha. Y, anoche, en el estadio barcelonista, el poco público que se citó era mucho más bullicioso, mucho más animado y más entregado al Barça que en partidos de Liga y hasta de Champions cuando hay un paisaje menos desolador en los graderíos azulgranas.
Tal vez este fenómeno se debió a que los visitantes del Camp Nou eran gente extraña, personas que todavía no se han dejado influir por el ambiente muchas veces frío y que solo se rompe con la habitual cita del Madrid y muy pocos partidos más. Anoche no había tanto puro habano. Anoche la gente miraba los boletos de sus entradas para comprobar dónde les había enviado el servicio de Servicaixa. Anoche, aunque el rival fuera el modesto Benidorm, los seguidores decidieron tratar de pasárselo bien. Eran pocos, cierto, pero muy ruidosos.
Según los datos oficiales ofrecidos por el Barça durante el descanso solo 23.422 --la verdad, parecían menos, pero que muchos menos-- aficionados se citaron en el Camp Nou, en la que sin duda es la asistencia más pobre en una temporada en la que ha entrado a debate la causa de por qué el estadio se llena menos que en épocas precedentes. Como si fuera una enfermedad irreversible, también se trata de dar la culpa del vacío a la desdichada crisis financiera global. Uno de los pocos socios que anoche ocupaba su habitual asiento de tribuna era Lluís Marín, quien rebatía que el caos económico que reina en el planeta aparte al socio culé de su santuario. "No es cierto, porque en septiembre los socios ya pagamos el abono para toda la temporada y entonces todavía no se había producido esta psicosis de crisis que ahora nos azota".
Así que era mejor buscar otro tipo de causas en una noche complicada, en una velada en la que se hacían notar los turistas, aquellos que no quisieron desaprovechar la ocasión de acercarse al estadio y sentarse en una posición chula de la tribuna por apenas 20 euros. Además, en esa zona nadie se mojaba, porque encima, aunque fuera con ligereza, llovió en el Camp Nou. Una noche ideal para quedarse en casa, cenar tranquilamente, encender la tele y seguir la retransmisión de TV-3.

Las medidas municipales
Los más o menos habituales del estadio se quejaban y ponían especial relieve a la hora de lamentar las medidas municipales que han entrado en vigor esta temporada y que impiden a los seguidores azulgranas aparcar en la Diagonal, tal como se había hecho toda la vida. Celia Cueto, una joven de Santa Bàrbara, municipio del Montsià, a dos horas de autopista de Barcelona, no estaba acostumbrada al tráfico de Barcelona. Su amigo conducía el coche y a la chica casi le entró pánico y hasta lloró porque no cesaron de dar vueltas y más vueltas con el coche hasta encontrar un hueco milagroso en la Zona Universitaria.
Otro seguidor azulgrana alertó de otro problema que azota a la hinchada no solo del Barça. Los chavales que deben ir a escuela. Tan cierto como que Judith Ronzano, una niña de 8 años, acompañada de su padre, hacía sus deberes de tercero de primaria, un libro abierto en la silla vecina vacía y un cuaderno entre sus manos, mientras calentaban los jugadores del Barça y el Benidorm. "Cuando empiece el partido ya habrá acabado", decía su padre, Francesc.


 
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