Lunes, 29 de Septiembre de 2008 a las 9:52
• La estrella relata sus reflexiones antes de lanzar el penalti en el último minuto Messi: "Al lanzar el penalti estaba tranquilo, pero te tiemblan un poco las piernas"
JOAN DOMÈNECH
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No hay un momento más delicado en el fútbol que ejecutar en el último minuto un penalti decisivo para la suerte del marcador. A ese trance se enfrentó Leo Messi, el encargado de lanzarlo. El balón le llegó a sus manos, sin que ningún compañero manifestara voluntad de lanzarlo. Etoo permanecía en el suelo aún, sin prisa por levantarse después del derribo de Pareja. Henry seguía con curiosidad al árbitro, tal vez temeroso de que se arrepintiera de haber señalado la falta.
Le llegó el balón a las manos a Messi, que lo depositó en el punto de penalti. Carlos Kameni esperaba apoyado en un poste. No tenía nada que perder. Solo podía convertirse en un héroe si lo paraba. Leo, en cambio, nunca iba a ser un héroe. Se supone que va a transformarlo. Él o cualquier lanzador, pero sobre todo él, uno de los mejores del mundo. Le aguarda el papel de villano, de fracasado, si lo falla. No quiere ni pensarlo, mientras su cabeza discurre y elige el modo de chutarlo. "Estaba tranquilo, pero te tiemblan un poco las piernas", confesó media hora después camino del autocar.
DOCE SEGUNDOS
Kameni aguarda junto al poste. La mar de tranquilo. O aparentándolo. Messi inicia un procedimiento de concentración, más largo que nunca. No recordaba haber tenido que chutar un penalti en una situación tan dramática. En el Barça, no. El año pasado lanzó seis y falló uno: se lo paró Diego López, del Villareal, en la Copa. No era un lanzamiento decisivo para el resultado ni la eliminatoria. Hace dos semanas batió a Toño (Racing). Frente al Sporting de Lisboa, Henry y Etoo decidieron quién lo ejecutaba. El sábado decidió Leo.
Doce segundos permaneció Messi con la cabeza baja, colocando el balón, arreglándose con esmero la vueltas de las medias por debajo de la rodilla. No por coquetería, ni por salir bien en las fotos. Debían ser los momentos en los que trataba de contener el temblor. "Estaba confiado en marcarlo. Pensaba solo en el penalti. Estaba concentrado en patearlo y convertirlo", contó Messi, que habría deseado no vivir esa situación. Porque no se lo merecía. Ni él ni el Barça. "Tuvimos que solucionar el partido mucho antes, creamos muchísimas ocasiones que no supimos aprovechar", contó.
JUSTICIA POR UN DÍA
Lo mismo pensaba Xavi. Por la cabeza de ambos se repitieron las imágenes del partido ante el Numancia, frente al Racing. Un pim pam pum infructuoso que costó 5 puntos. El derbi discurría igual. "Temí que habíamos vuelto a las andadas", dijo el centrocampista, que puso la primera piedra del triunfo con la asistencia a Henry en el 1-1. "Es una lástima que nos cueste tanto marcar, pero al menos el fútbol fue justo con nosotros. Fuimos muy superiores al Espanyol, cuando eran 11 y aún más cuando eran 10.
Cuando eran 10 y perdían, Guardiola se lió la manta a la cabeza. El Espanyol jugaba ya sin delanteros, y al Barça le sobraban defensas. Vació la zaga y repobló la delantera, creando un momentáneo atasco. La suerte no sonrió al Barça en el rechace que favoreció a Henry para empatar, o tener a un valiente Messi. La suerte fue que se parara el juego y pudiera hablar con sus jugadores para recalcarles que no se obcecaran en entrar por el centro.
"Nos pedía ritmo, ritmo, mover el balón de un lado a otro, con gente muy abierta para crear un dos contra uno y entrar en el área", relató Xavi de un derbi inolvidable.