Viernes, 26 de Septiembre de 2008 a las 12:56
• El equipo es incapaz de mantener la portería a cero desde el 13 de agosto El Barça no encuentra explicación a las desconexiones que sufre en algunas fases de los partidos
MARCOS LÓPEZ
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Si todo sigue así, un día de estos Víctor Valdés cometerá una locura deportiva. El miércoles, sin ir más lejos, ya se le vio pegar botes de ira detrás de su barrera, cansado de que lo fusilen en cada partido. Hace mes y medio que ha empezado la temporada oficialmente y el portero del Barça ya se tortura. ¿Por qué? Porque todo lo que le llega al área acaba en gol. Porque el equipo de Guardiola se descompone defensivamente con una facilidad insultante y es incapaz de acabar un partido a cero, y con Valdés tranquilo, desde el pasado 13 de agosto. Hace demasiado tiempo.
Desde entonces, Valdés anda por los suelos, buscando explicación a una insólita situación, intentando descubrir el
agujero negro en que se sumerge el Barça en determinadas fases de un partido. En realidad, de todos los partidos. Con poco trabajo, a veces con ninguno, los rivales le marcan goles. En ocasiones por errores defensivos intolerables, como en Los Pajaritos, cuando el Numancia le ganó primero la espalda a Alves y desnudó luego la indolencia de Abidal, convertido en un simple espectador de la irrupción de Mario que acabó en gol.
De aquel error en Soria, en el principio de la Liga, el equipo todavía no ha aprendido. Ni tampoco del que cometió en Polonia ante el Wisla, unidos ambos por el mismo hilo argumental. Hay un momento en que el Barça se va del partido. Tal cual. No pide permiso a nadie. Ni a Pep Guardiola, el entrenador, ni tampoco a sí mismo. Coge la mochila y abandona sus obligaciones tácticas. Así sucedió en Cracovia cuando recibió el gol polaco, que llegó tras un saque de esquina combinado con otro error defensivo. No es nada casual, por tanto, que cuatro de los siete goles encajados en esta temporada (el 57%) hayan llegado tras acciones a balón parado.
Peor que hace un año
Hay goles de todo tipo: faltas en la frontal del área (el astuto Jonathan Pereira, del Racing, burló a Valdés tras un lanzamiento de Garay), faltas laterales (Tonel, el jugador del Sporting de Lisboa, se adelantó a los centrales azulgranas) y faltas indirectas en las que se abre infantilmente la barrera facilitando el trabajo y, de paso, desquiciando a Valdés. El Barça ha dado evidentes síntomas de mejora con respecto al pasado, pero hay detalles en los que todavía no ha avanzado. Hace un año, Valdés había encajado cuatro goles en siete partidos y en tres de ellos ni se había agachado al fondo de la red para recoger el balón. Dejó la portería a cero.
Ahora, en cambio, se agacha más que para: cinco goles ha encajado en la Liga y solo ha hecho cuatro paradas.
"Ni nosotros mismos sabemos lo qué nos pasa", admitió ayer Etoo, asombrado como todos. Pero no más que Valdés, aturdido al vivir una situación surrealista. Los rivales apenas pisan su área --ha blocado nueve balones en 360 minutos--, pero siempre salen con el botín en la mano.