Jueves, 14 de Agosto de 2008 a las 1:05
El Barça de Guardiola se estrena con una goleada en un Camp Nou con ganas de perdonar Goleada al Wisla (4-0)
DAVID TORRAS
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Etoo celebra su primer gol de la temporada en el Camp Nou Foto: Joan Cortadellas
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El Barça de Pep Guardiola será un equipo de Champions. El primer paso lo dio anoche, sentenciando la condena de la previa ante el Wisla (4-0) heredada del otro Barça, del Barça que murió de mala manera y dio paso a este, un equipo que corre para alejarse de ese tormentoso pasado y para empezar a escribir cuanto antes una nueva historia que algún día le lleve a un podio como el de París. De momento, pinta bien, pero queda mucho camino. De momento, el Camp Nou se esfuerza por olvidar las penas y vuelve a creer en los suyos. También en Samuel Etoo, al que repudió y al que le ha tendido obligadamente la mano dispuesto a perdonar. Es tiempo de buena voluntad, es tiempo de esperanza.
Han pasado tres meses desde que el Camp Nou despidió a los suyos entre pitos y pañuelos, en una escena que acompañó el final de un equipo que desde que tocó el cielo en París se echó a perder lentamente hasta hacerse el harakiri. Tres meses, 94 días exactamente, desde que el Camp Nou perdió de vista a quienes tanto le hicieron disfrutar y a quienes tanto acabó maldiciendo, y que dejaron el escenario con todas las vergüenzas al aire, humillados por el Mallorca (2-3) y desheredados por miles de corazones culés, hartos de perdonarles los pecados. Aquel día, 11 de mayo, uno de los héroes repudiados era Samuel Etoo, castigado por la grada por haberse fugado cobardemente del tormento del Bernabéu. Ronaldinho andaba ya desaparecido desde ni se sabe cuándo, sorbiéndose el respeto y la admiración que se había ganado.
MEMORIA SELECTIVA
Ronaldinho forma parte del pasado, del Barça de París pero también del Barça desgarrador que hace tres meses levantó en armas al Camp Nou. Igual que Etoo. Pero Etoo sigue donde estaba, a pesar de que su destino era seguir los pasos de Ronaldinho y de Deco, a pesar de que hasta el último momento estuvo muy cerca de no salir ayer al campo en el que se sintió maltratado. Tenía el orgullo herido y es probable que esa herida nunca acabe de cerrarse. Pero es como si nada hubiera pasado, como si la memoria culé, tan selectiva cuando conviene, hubiera dejado atrás lo que tanto le hizo sufrir para quedarse limpia, sin prejuicios, lista para abrir un nuevo ciclo.
Y así estaba anoche en el atípico estreno del Barça de Guardiola, sin rastro de lo que era hace tres meses. Con Joan Laporta sentado tranquilamente en el palco, con ocho directivos menos en el palco y cinco compañeros nuevos, y sin un solo pañuelo a la vista, sin un signo de la terrible crisis que sufrió y de la que todavía deberá pasar cuentas ante la asamblea el próximo día 24, sin que nadie sepa muy bien qué escenario se encontrará. Pero, de momento, disfruta de una tregua con el estadio haciendo la ola y aplaudiéndolo todo, encantado con lo que vio y esperanzado ante el futuro.
UN EQUIPO QUE CORRE
El primer paso, el de ayer, destiló ilusión. Guardiola, que cambió los tejanos del Mini por un elegante traje, tal vez por ser su primer día, prometió que el Barça correría. Y el Barça corre. Vaya si corre. Del primero al último, todos a una. Da gusto como corre. Y como juega. El Wisla no es nada del otro mundo, pero el equipo afrontó el duelo con una tensión y una seriedad digna de lo que era sin serlo un partido de Champions. No hay nada que temer y, por tanto, Guardiola no tendrá que purgar las penas de otros, como le ocurrió a Rijkaard y a Ronaldinho, cuando se encontraron al Barça en la UEFA.
Etoo abrió la lata, una de sus virtudes, y la acabó cerrando, mientras el Camp Nou coreaba su nombre. Quién lo diría. También despidió con una ovación a Henry, a quien Guardiola desea convertir en el que fue y en el que nunca ha sido desde que llegó. Y, en medio, un poco de todo. De Xavi, por ejemplo, una de las grandes debilidades de Pep, y al que el Camp Nou quizá mire ahora con más admiración, como merece el mejor jugador de la Eurocopa, el más sabio para el
Sabio Luis Aragonés y probablemente también para Vicente del Bosque, sentado anoche en el palco junto a Fernando Hierro, un poco más atrás que Johan Cruyff, encantado de que el jovencito al que un día le dio la batuta del dream team se siente ahora en el sitio desde el que él le hizo reír y sufrir. Y ese es el Barça que busca Guardiola.
4 - Barcelona: Víctor Valdés; Dani Alves (Piqué, min.75), Puyol, Márquez, Abidal; Xavi, Keita; Iniesta, Pedro (Touré, min.65), Henry; y Etoo (Hleb, min.85).
0 - Wisla Cracovia: Pawelek; Baszczynski, Cleber, Junior Díaz, Piotr Brozek; Boguski (Niedzielan, min.67), Cantoro, Jirsak (Kmiecik, min.46), Sobolewski, Lobodzinski (Rado, min.85); y Pawel Brozek.
Goles: 1-0, Min. 17: Etoo; 2-0, Min. 25: Xavi; 3-0, Min. 50: Henry; 4-0, Min. 82: Etoo
Árbitro: Claudio Circhetta (Suiza). Mostró una sola cartulina amarilla, al visitante Cantoro (min.16).
Incidencias: Partido de ida de la tercera fase previa de la Liga de Campeones, disputado en el Camp Nou, ante unos 56.786 aficionados, según datos facilitados por el club. El Barcelona jugó con la segunda equipación, la amarilla, debido a que el Wisla viajó a la Ciudad Condal con dos equipaciones que daban lugar a la confusión: roja, la primera, y azul, la segunda.