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  4 de Diciembre de 2008     Edición de las 11:16 h.  


 
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Jueves, 7 de Agosto de 2008 a las 10:15
ENTREVISTA CON MANEL ESTIARTE, JEFE DE RELACIONES EXTERNAS DEL BARÇA
Estiiarte: "No podía quedarme en Italia a ver por la tele el Barça de Guardiola"


Joan Domenech

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Manel Estiarte, nacido en Manresa hace 47 años, el mejor waterpolista de la historia, deja su retiro familiar en Pescara (Italia) inducido por un proyecto tan ilusionante como incierto. Mientras mira un entrenamiento del Barça en EEUU, explica sus planes y sus objetivos para la temporada que empieza.

--Sé que habrá contestado muchas veces la misma pregunta...
--En realidad, se repiten dos preguntas: cómo empezó todo y cuál es mi cargo.

--Usted mismo.
--Hace 4 o 5 semanas recibí una llamada de Ferran Soriano, al que no conocía, y me habla de una idea de un cargo nuevo con un hombre nuevo. Aunque seguía la vida del club, porque amo al Barça, y hablaba cada día con Pep Guardiola, no le conocía. Ni a él ni a Marc Ingla ni a Joan Laporta. Le pregunté si lo sabía Pep. Me dijo que no. Le informaron y vine para hablar con todos por separado. Mi mujer me vio tan motivado y contento que no me dejó ni acabar. Ya has descansado ocho años, y no te lo pienses, me dijo. Vengo, vuelvo a Italia, y zas: moción de censura y dimisiones en la directiva. Después me llamó Laporta más motivado que nunca y lo arreglamos.

--¿Quería hablar por Guardiola por no traicionar una amistad o porque sin él no habría aceptado?
--Por claridad. Si él no lo veía claro me lo diría. Por mucho que quiera al Barça, se junta también la amistad con Pep. No podía venir sin que él lo supiera. ¿Si habría aceptado? No lo sé. El proceso de decisión habría sido más largo. Su presencia es vital. Me siento con capacidad de aportar cosas. Nunca de cuestiones tácticas, porque no tengo pretensión de hablar de asuntos técnicos. Pero sí de deporte: esfuerzo, liderazgo, comunicación, grupo, vestuario, psicología-

--Contenido de su cargo.
--Pongo a disposición del club 20 años de alto nivel como deportista. Al acabar, ves el mundo del deporte cómo es, en perspectiva, consciente de que no tengo la certeza absoluta de las cosas. Soy un puente de relación con el club, el vestuario, tendré contacto con los medios de comunicación y participaré en actos institucionales.

--Pero un exwaterpolista en un club de fútbol...
--A fin de cuentas es deporte. Ellos viven en un mundo distinto, elevado, exagera, lo que quiera, pero son hombres que ríen, lloran, tienen pesadillas, pasan nervios. Lo he vivido. Jesús Rollán, que en paz descanse y yo, vomitábamos de los nervios antes de una gran partido. A los jugadores no tengo que hablarles de si han jugado bien o mal por la banda. Sería pretencioso por mi parte. Si algo me ha enseñado el deporte es tener humildad.

--Su trabajo no está acotado. Servirá para un barrido y un fregado.
--Por eso digo que me pongo a disposición del club. Un día, el fuego estará por unos malos resultados, otro día por unas malas relaciones con los medios de comunicación. Oleré donde está el problema. ¿Qué no llegaré a todo? Ya veremos.

--¿Es un relaciones públicas?
--No puedo definir mi función, pero por qué no. No voy a mentir. Defenderé al jugador siempre que el jugador merezca ser defendido. No defenderé lo indefendible. Si hay algo bueno y no se transmite la realidad buena, sacaré el cuchillo y saldré a defender al equipo, seguro.

--¿Le han fichado también para limpiar la imagen de Laporta?
--No tengo ese nivel para lavar la imagen de nadie. No voy a remover el pasado. El deporte me ha enseñado a vivir el momento. Tengo las ideas claras y no mentiré. Lo que he visto ahora es que hay que volver a la normalidad. Que un entrenador pida a los jugadores que se cuiden, coman y entrenen bien es lo más normal del mundo. ¿O no? No sé si falló como hombre y como presidente, pero seguramente ha aprendido de lo que podía haber hecho mejor.

--¿Qué le han dicho sus conocidos?
--Mucha gente me ha dicho que estaba loco, que no era el momento, que si mi imagen. ¿Mi imagen? ¿Qué es mi imagen? ¿Tenía que decir que no al club que amo y a un amigo para proteger mi imagen? Yo no tengo que vivir de lo que he vivido. Ya he disfrutado lo mío y ya recuerdo mi pasado, me basta.

--¿Qué le empuja a meterse en este torbellino?
--Ya he descansado. Llegué muy saturado al final de mi carrera. Quería acabar a los 36 años, tras los Juegos de Atlanta, y logramos el oro. ¿Ahora que soy campeón debo retirarme y no ir a las piscina con ellos? No sé quien inventó la famosa frase de que hay que retirarse cuando estás arriba. Seguí dos años más, y ganamos el Mundial. Luego continué para sumar los sextos Juegos y ese último periodo fue muy duro. Han pasado 8 años. Me quedé en Pescara para estar con la familia. Pero no podía quedarme en casa viendo por la tele al Barça de Guardiola.

--¿Qué opina del trabajo de los futbolistas?
--Es una equivocación comparar las horas de trabajo o de entrenamiento. Viajan en primera, vale, son privilegiados, vale. Es su realidad. Si a los waterpolistas nos hubieran dicho, de pequeños, que ganaríamos medallas olímpicas, mundiales habríamos firmado con la sangre. Ellos tienen una responsabilidad enorme, son el espejo de muchísimas personas, de un pueblo, de Catalunya y también del mundo.

--Un espejo distorsionado.
--Debemos esforzarnos en que sea un espejo normal, transparente, tranquilo, natural. Sé que no pueden prestarse a todo, pero debemos buscar una manera de que les veamos menos lejanos de los niños.

--¿Cuál ha sido su Barça?
--El de Cruyff, el de los cuatro años del dream team y el de Rijkaard. Los de las Copas de Europa.

--¿Comparte la filosofía de jugar bien como prioridad?
--Sí. He vivido en Italia, el país donde hay que ganar aunque sea jugando mal, y no me gusta. Para bien o para mal, es un orgullo poder decir que tenemos una filosofía que en el mundo admiran y apoyan. No veo motivos para renunciar a ella. Si me garantizan que de otra manera ganaremos 10 Copas de Europa lo pensaría, pero sabemos perfectamente que no será así.

--¿Es futbolero desde siempre?
--Sí, más de espectador que de practicante. A los 7 años empecé a ir a la piscina todas las tardes. Los 20 minutos del recreo me los pasaba comiendo del hambre que tenía. Mi mundo era el waterpolo y mi pasión era el Barça.

--Llega la asamblea y los socios deciden echar a Laporta. ¿Qué hará?
--Le digo lo mismo del principio. Si una de las dos partes, el club o Pep, no ve claro que siga, me voy.

--¿Debía correr el riesgo de permanecer solo un mes?
--No hice valoraciones de lo que puedo ganar o perder. Valoré sentimientos. El Barça, el amigo. Y la familia. No pensé si era bueno o malo.

--Los Juegos Olímpicos empiezan mañana. ¿Siente nostalgia?
--Hoy no, pero seguro que cuando comience la competición pensaré en ellos. Será la primera inauguración en la que no estaré después de seis ediciones como deportista y una en el palco. No siento nostalgia, porque disfrutamos, lloramos y reímos tanto, que no lo echo de menos. Sonrío al evocar todos los recuerdos. Era muy emocionante.

--¿Preferiría estar en Pekín o prefiere estar en Barcelona?
--Con la mano en el corazón prefiero estar aquí. Lo único que me sabe mal es que le había prometido a mi hija pequeña que iríamos. Estábamos invitados por el COI toda la familia. Aquí comienza una aventura. Se trata del Barça, de Catalunya, de mí, de trabajar con Pep, con las veces que habíamos hablado de ello.

--En sus seis Juegos ha vivido todas las etapas y experiencias.
--De los primeros de Moscú, cuando el objetivo era disputar el preolímpico y clasificarnos, a aspirar a las medallas y a luchar por el oro. Ser el primero es un privilegio. Solo gana uno. Esperamos mucho de los deportistas, pero falta cultura deportiva en la sociedad. Por eso defiendo siempre la final del 92 ante Italia. La mejor, la más intensa y más larga de todos los tiempos del waterpolo. Jugamos seis prórrogas, hubo hostias, la piscina estaba llena. Y perdimos en la sexta prórroga. Por un gol. ¿Qué vas a decir? No puede ser que sea negativo quedar segundo. Comparto plenamente algo que escuché decir a Cruyff: el deporte debe estar en manos de los deportistas.

--¿Fue la derrota más dolorosa de su carrera?
--Claro. Intente buscar algo peor: ganando con autoridad los partidos, jugando en casa ante nuestras familias, ante los Reyes, la piscina abarrotada; empezar perdiendo, remontar, una prórroga, dos, seis. Y pierdes. Duele, dolió lo inimaginable.

--Y la mejor, el oro del 96.
--Sí, porque éramos los mismos. Sin esperarlo casi, nos plantamos en la final. Nos sacamos la espina.

--¿Cómo ve ahora las posibilidades de la delegación española?
--Si los Juegos van más o menos bien será el año más importante del siglo, entre Nadal, el Giro, el Tour y la Eurocopa de fútbol. España, desde los años 90, ha operado un cambio de mentalidad. Es un país competitivo. Ya estamos ahí, peleando con las potencias.

--Dijo que desde que se retiró no ha vuelto a una piscina.
--Tanto como eso no, pero no he vuelto a nadar 25 metros. Me baño y ya está. El waterpolo forma parte de otro tiempo. Me han llamado para jugar pachangas y partidos de veteranos y no. No puedo.


 

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