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  4 de Diciembre de 2008     Edición de las 19:25 h.  


 
Fútbol

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Lunes, 28 de Julio de 2008 a las 10:35
ENTREVISTA CON DANI ALVES | LAS REFLEXIONES DEL FICHAJE MÁS CARO
Dani Alves: "El fútbol del Barça está dibujado para mí, es perfecto"


MARCOS LÓPEZ
 DANI ALVES FOTOGRAFIADO EN SU HOTEL DE CONCENTRACION EN ESCOCIA
 Foto: Jordi Cotrina

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Con esos singulares y llamativos ojos verdes se ha paseado esta semana un curioso Dani Alves por Escocia. Mirando todo, empapándose de todo, ajeno a la fortuna que ha desembolsado el Barça para ficharle (29,5 millones de euros que pueden ser 35,5 si se cumplen todas las variables pactadas en la operación del traspaso con el Sevilla), despreocupado de todo y encantado de haber llegado al lugar que tanto imaginó. A sus 25 años, Alves ha costado incluso más que Ronaldinho cuando llegó en el 2003. Pero el defensa no deja de sonreir. Nada le asusta.

--¿Cómo un brasileño acaba jugando de lateral? ¿Por afición o simplemente por obligación?
--En mi país siempre ha habido una tradición de grandes laterales derechos. Es verdad que todos los niños quieren ser delanteros. Mi padre también quería que yo lo fuera, pero finalmente quien elige es el hijo. Además, mi ídolo era Cafú. Jugaba en el equipo de mi infancia, el que más me gustaba a mí: el Sao Paulo. No me arrepiento de tenerlo como referencia. Era un gran profesional, buena persona y encaraba su trabajo con seriedad, privándose de muchas cosas. Es un ejemplo a seguir para los jóvenes.

--Para usted lo es en todos los aspectos. No solo fuera del campo sino dentro. Alves galopa y galopa por la banda como hacía Cafú.
--No hay que olvidar que yo empecé de delantero.

--¿Extremo? ¿Delantero centro?
--No, no. Delantero, delantero. Delantero centro, pero poco a poco bajé de posición. Pasé por el puesto de pivote defensivo, llegué incluso a ser central y, luego, me pusieron de lateral derecho. Todo eso en la escuela de mi pueblo. Cuando me marché al Bahía, ya era lateral.

--Lateral con alma de delantero...
--Claro, nos encanta el fútbol de ataque. Siempre estamos a punto para ayudar a los delanteros. Es genético, lo llevamos en la sangre, es natural en los laterales brasileños. ¿Alguien conoce a uno que no sea así? Es casi imposible. Nos encanta atacar. Al principio, cuando llegué al Sevilla, me costó adaptarme. Me decían: "¡Vuelve, vuelve para atrás! ¿Dónde vas?". Pero si lo hacía, entonces no era yo. Parecía que ataban mis piernas. Hubo un momento en esa época en que incluso pensé en regresar a Brasil. Había partidos en los que no iba ni convocado. Pero luego me decía: "Aguanta, Dani, aguanta"

--Y tanto aguantó que el Barça lo ha convertido años más tarde en el segundo fichaje más caro de la historia. ¿No le asusta esa presión?
--¿Presión? ¿Qué presión? Yo me divierto con el fútbol. Tenía presión cuando debía currar para sobrevivir. Ahora, no. Ahora disfruto. Tienes que amar lo que haces; si no, no puedes transmitirlo. No hay mayor felicidad que jugar a fútbol. Eres el primero que debes disfrutar. Solo así llega a la gente.

--Su fútbol, alegre y aventurero, conecta siempre con la grada. ¿Era así ya en Brasil?
--Cuando quieres crecer en el fútbol, cuando quieres ser protagonista, tienes que hacer cosas distintas en el campo. No puedes ser uno mas, tienes que ser diferente porque si no nadie se fija en ti. Curiosamente, en Brasil apenas me conocen. Salí muy joven de allí. El Sevilla se fijó en mí cuando tenía 18 años. Primero, el Bahía me cedió y después, tras ganar el Mundial sub-20, me quedé. Pero, insisto, no me conocen en mi país porque además estaba en un club que no era de los grandes.

--El Barça, sin embargo, lo conoce tan bien que no le ha importado nada gastarse una fortuna en usted.
--Yo no pienso en esas cosas. Solo en jugar a fútbol. Es algo extraordinario que se interesaran por mí. El fútbol del Barça está dibujado para mí, es perfecto. Es unir lo útil a lo agradable. El estilo de juego del equipo es muy parecido a mi forma de jugar. Es extraordinario, de verdad. Todo eso es perfecto. Increíble.

--Por cierto, ya ha hablado con Guardiola, su nuevo entrenador. ¿Qué es lo que le ha pedido?
--Que sea yo. Por eso digo que todo es perfecto. No cambia mucho mi filosofía con respecto a lo que ya estaba haciendo en el Sevilla. Allí, sin embargo, debía hacer un trabajo más grande. Aquí, en el Barça, no tengo que hacer tanto esfuerzo y, quizá, de forma más selectiva, como me pide Guardiola cuando me indica que debo recibir el balón más cerca del área contraria. Además, hay unos jugadores fenomenales, con una gran calidad. Y eso uno lo agradece mucho. Así podré estar más fresco para defender y luego para las jugadas de ataque. Es verdad que con el paso de los años en Europa he aprendido a tener un espíritu más defensivo. Pero todo el mundo sabe cuál es mi característica principal. Si me la quitan, no tendría mucho sentido mi aportación al equipo.

--Y, además, delante suyo tiene a Messi, uno de los mejores jugadores del mundo. Si no el mejor. Alves-Messi, una banda derecha que asusta solo de recitar sus nombres.
--Apenas he jugado dos veces con Leo y ni siquiera ha sido un partido completo. Pero da igual. Es algo espectacular verlo delante tuyo, haciendo las cosas que hace, y solo piensas: "¡¡Es mío, es mío. No lo tengo que marcar!!". Cuando digo que es mío, me refiero a que es mi compañero y es un placer tenerlo a mi lado. Es impresionante. Tiene una calidad brutal. Hace mucho tiempo que no veía a alguien jugar así.

--¿Usted cree que tardará mucho en adaptarse a Messi y al Barça?
--Ya se vio en el segundo partido ante el Dundee. Como equipo jugamos bastante bien, aunque nos quedan muchas cosas aún por mejorar. Es verdad que en el plano personal también me sentí mejor que ante el Hibernian. Pero estoy seguro de que en el próximo estaré aún mejor. ¿Leo? Es muy fácil jugar a su lado.


"Soy bahiano, o sea que soy tranquilo y familiar"
"Yo trabajaba con mi padre en el campo. Éramos una familia humilde, con cuatro hermanos, todos mayores que yo, excepto mi hermana. Vivíamos lejos del pueblo. Mi padre nos mandó a estudiar a Juazeiro y a mí, a la escuela de fútbol. Allí vivía toda la semana, solo veía a mis padres los fines de semana, cuando venían de casa. Un domingo tomé la decisión de irme al Bahía. Pero no se lo pude decir a mi padre hasta el lunes, cuando ya estaba convencido: 'Papá, me voy'. Él se quedó triste, casi llorando. Pero me dijo: 'Hazlo, no te preocupes. Ya se lo diré a tu madre'. Y me fui al Bahía, a unos 800 kilómetros de Juazeiro.
"Era una oportunidad única, magnífica. No podía desaprovecharla. En Brasil pegas una patada y salen millones de jugadores. Si dices que no, estás perdido. Nunca me dio miedo hacerlo. Ni siquiera en aquel momento. No me daba miedo, era lo que quería, a pesar de que dejaba, con 15 años, a mis padres, a mis hermanos, al pueblo, a mi vida... Ellos se quedaron trabajando en el campo, mientras yo me hacía futbolista. Todos los jugadores brasileños tienen historias similares, solo cambia la ciudad. Pero no todos los brasileños somos iguales. Ni mucho menos.

"Nos gusta mucho reír"
"Yo, por ejemplo, soy bahiano, o sea que soy tranquilo y familiar. No soy carioca, de Río, ni paulista, de Sao Paulo. El bahiano tiene mucha influencia africana. Nos encanta la familia. Con 20 años ya queremos estar casados. He querido tener mi mujer y mis hijos lo antes posible para que cuando tenga 30 años ellos puedan ver lo que es su padre. Y puedan contar que es futbolista. No me arrepiento de haberlo hecho tan joven porque tengo una familia espectacular, con mis dos hijos, y soy feliz, muy feliz.
"Los bahianos somos más abiertos que los del nordeste, como Rivaldo, pero no somos cariocas ni paulistas. Nos gusta mucho reír, estar en contacto con la gente y disfrutar. Pero también es verdad que nos cuesta más llegar a los sitios que a ellos. ¿Por qué? Porque al fútbol de Bahía no se le da tanta importancia como al de Río o de Sao Paulo. Si no eres de ellos, te ven como alguien menor, que no puede hacer nada: 'Bah, sí. Viene de Bahía, pero na, na, na...'. Las mejores escuelas de fútbol están en el norte y están también en Bahía. Yo no soy un jugador de la calle, soy un jugador de escuela.
"Todo ha sido muy complicado para mí. No olvido cuando trabajaba con mi padre en el campo para sobrevivir. Toda mi vida ha sido así porque nadie me ha regalado nada. Incluso cuando llegué al Bahía, la gente me miraba de otra forma. 'Mira, viene del pueblo', me decían. Por eso, ahora, cuando me veo en el Barça, está claro que tomé la decisión adecuada. Sabía que o me iba al Bahía o, tal vez, no podría ser futbolista".



 

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