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  1 de Octubre de 2008     Edición de las 22:05 h.  


 
Fútbol

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Domingo, 11 de Mayo de 2008 a las 11:17
• El entrenador del Barça encara su adiós sin reproches y con palabras de gratitud a todos los estamentos del club
Rijkaard se despide como un señor


JOAN DOMÈNECH / JORDI TIÓ

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Veinte minutos de rueda de prensa. Monotemática. Juega el Barça hoy frente al Mallorca, en el cierre liguero del Camp Nou, con la indignante sombra del 4-1 del Bernabéu planeando sobre una hinchada malhumorada, cabreada con el presidente y las estrellas que han desaparecido del firmamento azulgrana, pero el protagonismo recae sobre la figura del entrenador. Muy a su pesar. Frank Rijkaard se despide esta noche del estadio.
Elegancia y educación. Las dos palabras que han definido la larga trayectoria de Rijkaard fueron las rasgos distintivos de su comparecencia, la penúltima como técnico azulgrana --la última será antes del partido del Murcia--, la primera desde que tiene la certeza de que no seguirá en el banquillo. Más nervioso que de costumbre, no abandonó el discurso amable y acrítico al hacer un balance de su etapa en el club, del que se marchará sin un reproche a nadie. Ni a los jugadores, a quienes siguió defendiendo pese a que su desidia ha cavado la fosa del técnico, ni a Joan Laporta, quien el jueves le responsabilizó del deterioro del equipo. "He sido parte del club y ha sido un gran honor trabajar aquí. Estoy agradecido a la gente que me ha acompañado, la llevaré siempre en el corazón", dijo emocionado.

RELEVO ANUNCIADO
"No soy nadie para culpar a otras personas. Yo asumo mí responsabilidad, como siempre", dijo Rijkaard, que supo tras el clásico del Bernabéu que no seguiría la próxima temporada. La directiva quiso hacer público su relevo por Pep Guardiola antes de que acabara la temporada para atemperar los ánimos de la hinchada. Ni siquiera eso le molestó. "No puedo hablar de que algo me haya dolido. Me fijo más en las cosas bonitas que he vivido, en las amistades que dejo, es lo que quedará en mi memoria", afirmó Rijkaard con señorío.
Se va del Barça como uno de los pocos entrenadores que ha sabido ganarse el respeto de la afición. Y mantenerlo, a pesar de los malos resultados. Por eso muchas voces piden hoy que el Camp Nou ovacione a un técnico que figura ya en un lugar destacado en la historia azulgrana. Por los títulos (dos Ligas, una Champions y dos Supercopas de España) y por su manera de ser y de representar al Barça.

NI UN PRIVILEGIO
Pero Rijkaard rechaza las distinciones y los privilegios. "No quiero ser una excepción. Soy parte del grupo y no me gusta que se ovacione solo a uno. Y si hay pitos, son también para mí", manifestó, intentando proteger de nuevo a los jugadores y a Laporta --"el presidente no marca goles"-- y que solo desea despedirse "con tranquilidad". Ayer se sentía "algo raro" por ser el centro de atención: "Eso nunca me ha gustado".
Así es Rijkaard, un técnico que desde su llegada en el 2003 ha huido de los personalismos en beneficio del grupo --"siempre digo que ganamos juntos y sufrimos juntos"-- y que será recordado, entre otras cosas, por la reverencia que hizo a la plantilla durante la celebración del título de Liga en el 2005. Nunca se había visto nada igual.

POCOS REPROCHES
La confraternización con los jugadores es uno de los pocos reproches que pueden hacerse a Rijkaard. "Cada uno tiene derecho a dar su idea de cómo he trabajado, pero todo lo que hice fue siempre por el colectivo", aseguró Rijkaard. Dentro del vestuario nadie se lo recrimina. Allí dentro, ha dejado una huella que no se borrará hasta que se marche el último inquilino que ha coincidido con él. Un recuerdo indeleble conservarán de él discípulos y colaboradores. O así lo decían quienes le han tratado.
Un manto de tristeza cae, a modo de telón, en el vestuario. Difícilmente irrumpirá en el despacho del entrenador una personalidad que concite tantos elogios y simpatías. Aunque se sabe que será Pep Guardiola el próximo inquilino, aún es una incógnita cuál será su comportamiento en las victorias y en las derrotas. Sí se sabe cómo se ha comportado Rijkaard. Con una infinita bondad. Seguramente excesiva.

MENSAJE DE GRATITUD
"A todos nos ha dado libertad y responsabilidad en el trabajo", reconocía ayer Carles Naval, el delegado del equipo. La cuestión es saber administrar esa libertad y esa responsabilidad. La llamada autogestión ha sido una bendición para los futbolistas. La tranquilidad de los buenos momentos se mantuvo en los malos. El Rijkaard estable y sereno no cambió nunca su trato con los demás. "Los árbitros destacaron siempre su cordialidad", destacó Naval, que quiso transmitir un mensaje de gratitud "por el placer" de cinco años de colaboración.
Los mismos cinco años que Toni Tramullas, que entró en el primer equipo procedente de la sección de básquet. Asombrado todavía el médico por la talla humana de Rijkaard, a quien le atisba un excelente futuro en cualquier terreno. Incluso en el político. "Es una persona que puede ser un referente mucho más allá del fútbol, por los valores que tiene", explicó. "Permanecerá siempre entre nosotros aunque no esté aquí", dijo el doctor, garantizando a Rijkaard su incondicional amistad.

UNA SIMILITUD
Un sentimiento parecido al de Carles Puyol, quien no descarta "por las vueltas que da el fútbol" un futuro reencuentro con su todavía entrenador. Ya lo vivió con Van Gaal, el último holandés que se sentó en el banquillo del Camp Nou. La única similitud --junto con dos Ligas ganadas-- que tiene con Rijkaard. "Los dos me han marcado mucho como futbolista, los dos confiaron en mí", comentó el capitán. "Rijkaard es el técnico ideal para un club como el Barça por la presión que hay. Nos ha enseñado muchas cosas", añadió Puyol.
"Nos ha enseñado a ser mejores personas, eso hemos aprendido todos", precisó ayer José Manuel Lázaro, antes de acompañarle a la sala de prensa. Hasta su entrada en el Barça, conoció desde el otro lado del vestuario a los predecesores del entrenador como periodista. En ninguno advirtió las cualidades que ha detectado en Rijkaard. "Elegante, educado, dialogante, un monstruo de persona", dijo en tono elogioso y superlativo. Ninguno se marchó como se despedirá hoy el señor Franklin Edmundo Rijkaard.


 

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