Domingo, 27 de Abril de 2008 a las 11:37
• "Quizá los jugadores no tenían ritmo", dice, evasivo Rijkaard evita hablar de la pésima actuación del equipo en Riazor
MARCOS LÓPEZ
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A la espera de lo que pase el martes en Old Trafford, el Barça hace semanas que camina noqueado por la Liga. Expuesto a cualquier humillación, sin argumentos, completando una segunda vuelta que le condenará a empezar de cero la refundación del proyecto deportivo. Con o sin viaje a Moscú. Pero el equipo, pendiente de Manchester, no tiene defensa alguna. Anoche, tras otra bofetada, Rijkaard salió del banquillo, felicitó a Lotina, su colega en el Deportivo, y se coló en el vestuario. Antes, en condiciones normales, el técnico habría esperado en el césped a sus jugadores para consolarles. Ahora, ya no.
No hay consuelo posible. Si acaso, la Champions. Pero una vez acabado el partido en A Coruña, la niebla cayó sobre el césped de Riazor. Era algo más que una metáfora. Detrás de esa niebla física gallega se escondían muchas cosas, algunas que no son admisibles porque van impresas en la camiseta como dignidad, orgullo y espíritu. No hubo nada de eso. Lo único cierto es que la derrota de ayer aleja al equipo de esa segunda plaza que da derecho a entrar directamente en la Champions. No valen excusas, ni siquiera la lujosa lista de ausencias que podría esgrimir Rijkaard o la inminencia del duelo decisivo con el Manchester. Pero ni él se atrevió. Sabía que no debía.
Había tantos ejemplos de ese desastre que el técnico prefirió mirar hacia otro lado. ¿Puede Henry estar 90 minutos en un campo y no disparar ni una sola vez a puerta? Pues, sí. ¿Puede salir Márquez como invitado silencioso en la foto de los dos goles del Depor? Pues sí.
"El primer tiempo ha sido bastante igualado, pero en el segundo bajamos mucho de ritmo y ellos lo aprovecharon bien", fue la primera justificación que lanzó Rijkaard. Monocorde. Parco en palabras. Sin espíritu.
"Quizá hemos pagado el partido que jugamos el miércoles, quizá había jugadores que no tenían suficiente ritmo y quizá otros aspectos", comentó el técnico azulgrana, quien no quiso analizar la actitud de sus jugadores.
"En la segunda mitad, bajamos de ritmo y de forma".
"No hemos podido"
A ese argumento se agarró Rijkaard para explicar lo que resulta inexplicable porque el Barça se ha dejado ir en la Liga de manera escandalosa.
"Costará cambiar esa dinámica, necesitamos marcar goles, eso es verdad", se limitó a decir el holandés, quien reconoció que el Deportivo fue un justo vencedor. Además, el debut de Pinto no fue nada agradable porque el equipo no ayudó.
"Él no se merecía una derrota", comentó el entrenador, quien no halló argumentos a la caída del equipo.
"Los jugadores sufren mucho, no hemos podido hacer nada más".
A Rijkaard se le vio en la sala de prensa como al equipo en el campo. Abatido, sin energía, atrapado en la rutina, impotente para ofrecer respuestas rápidas y novedosas a los viejos problemas que sacuden al Barça. Su cuerpo, como el de los jugadores estaba en Riazor, pero su mente y su alma, en Manchester.