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  21 de Noviembre de 2008     Edición de las 20:27 h.  


 
Fútbol

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Domingo, 20 de Abril de 2008 a las 11:17
EL DERBI BARCELONÉS
Barça y Espanyol empatan en un derbi apagado que no levanta el ánimo para la Champions


DAVID TORRAS
 Ángel y Touré saltan en pugna por el balón, ayer en el Camp Nou
 Foto: Jordi Cotrina

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El derbi se cerró entre pañuelos. No, no eran para Laporta ni para Rijkaard, ni siquiera para el Espanyol. Eran para Pérez Lasa, uno de esos árbitros que lejos de repartir justicia van repartiendo cizaña. Un final a la altura de un derbi tristón (0-0), que dejó al Barça más agarrado que nunca a las orejas de la Champions y que permitió al Espanyol frenar su caída en picado. La Liga siguió pasando de largo para los culés, a los que nos les queda más que esperar al Manchester con la forzada esperanza de que el equipo salga del agujero en el que anda metido y levante orgulloso la cabeza para marchar juntos a Moscú.
El Barça se acostó a ocho puntos del Madrid, que hoy en Santander tiene la ocasión de pegarle el balazo definitivo si es que no lo ha pegado ya y cerrar definitivamente las cuentas de la lechera, si es que hay alguien que todavía tiene ánimos para hacerlas. El mismo equipo que ha sumado 7 puntos de 24 en la Liga se enfrenta ahora al reto de convertirse en otro y darle al Manchester con la Champions en las narices. El United, en cambio, no necesita ser otro. Le basta con ser el mismo que tiene la Premier a tiro, después de que ayer salvara un punto ante el Blackburn en el minuto 88, pendiente del mano a mano que disputará la próxima semana en el campo del Chelsea, en medio del cara a cara con el Barça.
Fiel al estado de unos y otros, el derbi estuvo lejos del de la pasada temporada, cuando el Barça se jugaba la Liga y no supo quedarse con ella. Tamudo pasa por ser quien se la arrebató, pero la única verdad es que la echó a perder él solito.

CUESTIÓN DE ORGULLO
Anoche, la Liga no estaba en juego o eso parecía. Al Barça le queda muy lejos, y al Espanyol se le ha ido escapando una ilusión tras otra, después de haber dejado pronto atrás el fantasma del descenso. Estuvo a las puertas de Europa y, en cuanto miró hacia arriba, empezó a venirse abajo. Así que, para los pericos, el derbi era una cuestión de orgullo, de echar el freno y acabar con tan vergonzoso descenso. Y a eso fue al Camp Nou, a poner pie a tierra y no salir malparado.
Total, que el partido quedó en poca cosa, sobre todo en los primeros pasos de la primera parte, con los dos equipos amodorrados. También el estadio estaba dormido, sin apenas pericos a la vista, siguiendo el ejemplo de su presidente, Sánchez Llibre. Una cosa es darse la mano con Laporta por compromiso y otra desandar el camino y sentarse en el palco, junto a su colega, no sea que prediquen con el ejemplo y den una imagen amistosa. Sí estaba Xavier Sala Martín, como siempre, sin ánimo de pasar desapercibido, a pesar de haber hablado más de la cuenta. Pero, como ocurre con casi todo en este club, la autogestión ha dejado en nada esa metedura de pata.
Con más pena que gloria, corrieron los minutos, sin que el Barça fuera capaz de ir más allá de un constante dominio y el Espanyol fuera cada vez echando el culo un poco más atrás, apoyado en Kameni. Cada vez más duro, cada vez más tenso, arañando un minuto tras otro, con Valverde desesperado y con el árbitro cada vez más perdido, incapaz de poner orden y no caer en lo que siempre suele caer, en una exhibición de chulería. El final fue esperpéntico. El partido había concluido y seguía sacando tarjetas.
En medio de una noche poco excitante, en la que Rijkaard dejó en el banquillo a Henry y Deco y acabó cambiando a Márquez por Puyol --sancionado el miércoles--, al Barça le queda el único consuelo de celebrar el regreso de Messi, que tuvo una aparición excepcional. Cuando el balón llegaba a él, crecía la sensación de que algo iba a ocurrir, un chispazo de ilusión que convive con algo de miedo. Cada vez que echa a correr, parece que tenga que romperse. Pero aguantó. Y, así, enganchado a él, es hora de vérselas con Cristiano Ronaldo. Hagan juego porque, ahora sí: no va más.


 

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