Lunes, 14 de Abril de 2008 a las 10:54
• El equipo se ha deshecho y ha triplicado los goles encajados en los siete últimos partidos Una defensa taladrada que ya no es fiable
MARCOS LÓPEZ
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El misterio continúa. La defensa del Barcelona o, para ser más concretos, la estructura defensiva se ha deshecho. Y con tanto estrépito que se ha llevado prácticamente por delante a todos. Desde un inseguro e inestable Valdés hasta el dolorido Touré sin olvidar a un irreconocible Abidal, destacando un desdibujado Zambrotta --regresará a Italia sin que se viera nada de aquel lateral que fue campeón del mundo hace dos años-- y exhibiendo una imagen insólita de Milito y Puyol, dos centrales que han perdido fiabilidad.
Tan mal está el Barça que sus números le devuelven a la horrible primera temporada de Rijkaard. Entonces, en 32 jornadas había encajado 34 goles (más de uno por partido); ahora ha recibido 31 en esas 32 jornadas. Pero el problema no son solo las cifras. Es la imagen que transmite. Y, curiosamente, ha perdido todo el encanto que mostró en ese aspecto defensivo en los seis meses iniciales de Liga donde Valdés era decisivo y el equipo se sostenía con autoridad (17 goles encajados en 25 jornadas). En un desastroso mes y medio (marzo y abril), el Barça ha destrozado todo lo que había construido con paciencia: 14 goles le han marcado en siete partidos de Liga. Casi tantos como en medio año.
VUELTA ATRÁS
Nadie, ni siquiera Rijkaard, entiende qué demonios le ha pasado al Barça. Casi ha triplicado los goles encajados y la sensación de fragilidad se ha extendido a todas las áreas del equipo. El sábado, sin ir más lejos, quedó visualizado ese desplome. Dos balones áereos, dos goles del Recre (uno de ellos fantasma, eso sí). "Todos pudimos hacer algo más en el segundo gol del Recre", dijo Samuel Etoo, el delantero que vio como su espectacular eficacia (dos goles en dos disparos) no valió para nada. Cuando se refería a "todos" hablaba de todos. De quien permitió el cómodo centro de Camuñas (había tres azulgranas rodeándole), de quien permitió el fácil remate de Rubén (Abidal se lo quedó mirando) y del inoportuno resbalón de Valdés.
De pronto, el Barça ha emprendido un inesperado y cruel viaje al pasado. Ha vuelto atrás de una forma tan espantosa que los rivales no necesitan nada del otro mundo para acorralar a Valdés. Un par de balones al centro del área y el equipo de Rijkaard se pone a tiritar. El sábado, curiosamente, el Barça tenía muchas bajas en Huelva. Pero la defensa que jugó ante el Recre podría considerarse como la titular con Zambrotta, Puyol, Milito y Abidal.
LA AUSENCIA DE MÁRQUEZ
Tampoco estaba Márquez, a quien Rijkaard decidió no usar el sábado. Pero desde que se rompió el eje central integrado por el mexicano y Milito --no comparten alineación desde el pasado 20 de febrero--, el Barça se ha desintegrado. En el triunfo sobre el Celtic en Glasgow (2-3), Márquez sufrió un golpe, que le provocó un doloroso edema óseo en el pie derecho. Ahora, tras 40 días de baja, ha recibido el alta, pero no ha recuperado aún el lugar en el equipo titular.
Pero el misterio del batacazo defensivo del Barça no puede explicarse solo por la baja de Márquez. Ni mucho menos. Antes, el equipo tenía una estructura, que le servía de colchón de seguridad donde era tan importante la presión que ejercían los delanteros como la cohesión que proporcionaba el centro del campo. Ahora, sin embargo, nada de eso existe y el Barça no solo se ha roto sino que, además, se ha desfigurado. Lo ha hecho irreconocible. Así malvive el Barça, incapaz de aprovechar su buen caudal ofensivo. En cuatro de esas siete jornadas (Atlético, Almería, Betis y Recre) ha marcado dos goles fuera de casa. Y no ha ganado ni un partido.