Lunes, 14 de Abril de 2008 a las 10:50
• El Barça se aferra a la Champions para salvar la temporada ante un Madrid que acaricia el título Todo a una carta
DAVID TORRAS
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Cuando acabó el partido contra el Schalke, un alemán se quedó en el palco contemplando el Camp Nou con cara de sorpresa. El Barça había superado la eliminatoria, pero atrás quedaba un dramático partido, con pitos y pañuelos a Rijkaard por cambiar a Bojan.
"¿Dónde esta la gente?", preguntó ante la deserción del público.
"Si estáis en semifinales", comentó a varios directivos azulgranas. Sí, en semifinales, pero el mundo culé no es fácil de entender. Ni siquiera para alguien que ha hecho del fútbol su vida como Franz Beckenbauer. El
Kaiser no sabe que el Barça es especial.
Tampoco sabe que el Camp Nou ha perdido la paciencia después de haber reprimido las quejas durante mucho tiempo y que seguir vivo en la Champions no borra los disgustos acumulados desde que la temporada pasada el equipo echó a perder un título detrás de otro. Pero Beckenbauer, como ocurre también con cualquier inglés --nadie silbó al Liverpool en Anfield cuando estaba eliminado por el Arsenal, ni al Manchester ayer en Old Trafford con el 0--1--, tiene otra mentalidad.
Euforia en el Bernabéu
A los culés no les queda más remedio que olvidar las penas y aferrarse a la Champions. Es la única ilusión que les queda. De la Liga, mejor olvidarse. El Madrid no parece dispuesto a devolver el regalo del año pasado. No son tan generosos ni sufren el virus de la autocomplacencia. Con Capello lucharon hasta el final y, ahora, con Schuster, aunque sea a trancas y barrancas, van a llegar otra vez primeros. Ayer, con 10 y sufriendo, liquidaron al Murcia de Clemente, y se colocaron a 9 puntos de distancia, con 18 por disputar.
La imagen final del Bernabéu era un anticipo de lo que espera vivir antes incluso de que acabe la Liga, con los jugadores abrazándose, conscientes de que están muy cerca del título. Ahora, más de uno se dedicará a echar cuentas pensando en la visita del Barça en la antepenúltima jornada. Que si pasillo, que si igual cantan el alirón ese día... Del Barça depende tener a mano una buena réplica: el billete para la final de Moscú. Una semana antes habrá disputado la vuelta en Old Trafford. Quienes caigan en los malos pensamientos pueden imaginar un escenario terrible. Ir al Bernabéu, con un Madrid con la Liga en la mano, y con el Barça fuera de Europa.
El enemigo inglés
Así que se ha llegado al punto que se había ido dilatando y que, ahora sí, ya parece irreversible: la Champions o nada. La cuestión es hasta qué punto los culés pueden ilusionarse con viajar a Moscú ante la perspectiva del duelo previo con el Manchester. El equipo de sir Alex Ferguson no está condenado a jugárselo todo a una carta. Tiene para elegir. Ayer, se sacó de encima al Arsenal, que esta semana se ha despedido de la Champions y de la Liga, y reforzó su liderato en la Premier. A diferencia del pesimismo que se ha instalado en el Camp Nou, en Old Trafford van a por el doblete. Como en Stamford Bridge, donde no parecen echar de menos a Mourinho. El Chelsea está como nunca, dispuesto a pelear por la Liga --reciben al United entre la ida y la vuelta de las semifinales-- y por llegar a Moscú frente al Liverpool. Ingleses por todas partes y el Barça, en medio, lejos del que era cuando iba camino de París.
Derbi con Messi
El ciclo se acaba. Y solo queda esperar el final de esta cuenta atrás. Si se cierra dignamente o se suma otro año en blanco. El club ha abierto una tregua, pero las decisiones no variarán pase lo que pase. Por ejemplo, cada día que pasa, Rijkaard está más cerca de la despedida. Ronaldinho, en cambio, es como si ya se hubiera ido. Si pudiera, se mudaría hoy mismo a Milán. Cuando llegue el momento, habrá que desearle lo mejor y recordarle por lo que fue.
Por suerte, otros, que sí estaban lesionados de verdad, ya se han recuperado. Leo Messi está de vuelta. El sábado podrá rodarse un poco más en el derbi ante un Espanyol en crisis. Un regreso digno de celebrarse en medio de tanto desencanto. Un aliciente para no darlo todo por perdido. No estuvo en París. Así que la Champions le debe una.