Miercoles, 9 de Abril de 2008 a las 23:20
• El conjunto azulgrana jugará contra el Manchester United el próximo 23 de abril Touré mete al Barça en las semifinales
JOAN DOMÈNECH
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Touré Yaya celebra en el suelo el gol de la victoria Foto: Jordi Cotrina
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Con más pena que gloria continúa el Barça vivo en Europa, salvado por una de aquellas noches mágicas en las que todo va de cara. Por el golpe de suerte que necesita un campeón de cualquier competición. ¿Ha agotado la dosis que le corresponde el once azulgrana para eliminar al Schalke pese a ganar en la ida? No se sabe todavía, pero lo cierto es que la fortuna ha salvado al equipo, al club, de una catástrofe mayúscula. Se ha rozado el drama hoy en el Camp Nou, pero dentro de tres semanas comenzará otra historia. Con un desenlace imprevisible ante el Manchester United, un rival mucho más poderoso y temible que el once alemán y sin el privilegio de jugar la vuelta en el Camp Nou.
El resultado ocultará para la historia que el Barça lo ha pasado mal, rematadamente mal, angustiosamente mal hasta que ha marcado Touré. Han sido 43 minutos de un terrible suplicio, de una agotadora agonía. Se ha visto a un Barça desorientado y desarmado como nunca, persiguiendo a un rival que se ha colado hasta el área de Valdés con una facilidad insultante. Ningún equipo en mucho tiempo ha sido capaz de desarbolar así al Barça. Ni fuera de casa, ni mucho menos en el Camp Nou.
El Schalke ha salido lanzado y con las ideas muy claras. Necesitaba un gol y ha ido a buscarlo desde el primer minuto. Una clarísima ocasión de Xavi, solo frente a Neuer, no ha asustado a los visitantes, que iban a lo suyo. Ha sido el único remate antes de la milagrosa llegada de Touré. La única jugada de mérito del Barça, testigo mudo del monólogo inicial alemán. Cada balón perdido, y han sido multitud, desembocaba inmediatamente en una acción de peligro del Schalke.
MAYOR CONVENCIMIENTO
Al área de Valdés caían centros de Rafinha y Westermann, los dos laterales. Por el centro han penetrado Jones, Altintop y Kobiashvili como Pedro por su casa, mucho más fuertes, mucho más poderosos, mucho más convencidos de lo que hacían que los mediocampistas azulgranas. El cambio táctico del Schalke --ha jugado con un mediapunta detrás de los dos delanteros-- ha despistado al Barça. Desde el banquillo no se ha ofrecido ningún antídoto. Altintop, Kuranyi, Jones y Asamoah han tenido el gol en sus botas en un festival ofensivo germano que ha hecho enmudecer al estadio.
El Barça ha jugado encogido y acomplejado. Cada vez más encogido y acomplejado. Nadie ha querido el balón. Por el miedo y la presión del Schalke, y, así, el juego local se ha resumido a los zapatazos de Valdés hacia adelante. Cada pelota caía en poder ajeno. Los delanteros corrían hacia adelante y los defensas retrocedían para proteger el portero, con lo que el campo se ha hecho inmensamente grande. Este Barça que ha sabido neutralizar el fútbol físico y aéreo en Gelsenkirchen ha cedido ocho córneres. Ocho oportunidades para el Schalke.
CAMBIO TOTAL
Todo ha cambiado con el afortunado gol en semifallo de Touré y el balsámico descanso. Con la cara fresca y un par de consejos, el Barça ha mejorado. Ha dejado de ser un pelele, aunque en ningún momento ha podido relajarse. Era fácil mejorar, porque no se podía empeorar. Y era fácil porque todo se reducía a tener el balón, jugarlo, mimarlo, reternerlo. Quererlo, en definitiva. Solo así se podía neutralizar al Schalke; cuando menos, se podía evitar la angustia del inicio y llevar el duelo a un terreno más favorable. Henry, Iniesta y Xavi han podido dictar la sentencia, pero han fallado como habían fallado sus colegas rivales.
Con errores, con pitos, con imprecisiones y sin fuerzas para sostenerse, el Barça ha aguantado de pie, pero tambaleándose cada vez más a medida que se acercaba el final. Le ha salvado el gol de Touré, pero le ha salvado también el amparo del Camp Nou --ha habido gritos de "Barça, Barça", después de cada susto visitante--, y el agotamiento del Schalke, que tardará días en explicarse cómo ha perdido. Se ha marchado eliminado, pero con la cabeza más alta que el Barça.