Lunes, 19 de Noviembre de 2007 a las 10:54
• El 19 de noviembre del 2005, Ronaldinho tocó la cima con una exhibición que el Bernabéu acabó aplaudiendo Ronaldinho: Del mejor 10 al peor 10
DAVID TORRAS
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Ronaldinho con el Balón de oro Foto: Jordi Cotrina
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El 19 de noviembre del 2005, tal día como hoy hace dos años, el Bernabéu se puso en pie para aplaudir a Ronaldinho, en un doble gesto de admiración y de rendición. Desparramado por el campo, el Madrid sacó la bandera blanca, incapaz de frenar a aquel Barça desbocado que dejó para la historia un recuerdo casi a la misma altura que el 0-5 de Johan Cruyff.
"Yo flipo", susurró Iker Casillas después de que Ronaldinho dejara por el camino a Sergio Ramos y le rompiera la cintura a Helguera, en una carrera de 53 metros, 13 segundos y 7 toques. Una jugada de 10, una de las grandes obras del mejor 10. Y también una razón más para añorarle y seguirse preguntando, ahora que es la sombra del que era, si algún día volverá.
A día de hoy, 19 de noviembre del 2007, Ronaldinho está muy lejos de aquel Ronaldinho que, después de aquella cabalgada, inalcanzable para cualquiera, volvió a dejar al Bernabéu con la boca abierta al marcar el 0-3 y provocó una imagen nunca vista en casa del peor enemigo, con parte del público rendido a la estrella y medio estadio marchándose precipitadamente, envidiando a quien sí era un
galáctico de verdad y que, curiosamente, acabó con Florentino Pérez y su Madrid.
Tal día como hoy, hace dos años, Ronaldinho era el número uno. En el Camp Nou y en cualquier rincón del mundo. Sin discusión. Siempre quedará como la figura que por sí sola cambió el destino del Barça y que dio sentido al lema electoral del círculo virtuoso. Sin el mejor
Ronnie, aquella fórmula nunca hubiera echado a rodar y, tal vez, ni Rijkaard ni alguno más hubieran sobrevivido a la crisis que él solito aplacó.
Oferta hasta el 2014
Del 10 de entonces hay mucho que recordar. Cómo sentó a Nesta, cómo pasó por encima de Terry, cómo hipnotizó a Carvalho y a Cech la noche (marzo del 2005) en que Stamford Bridge quedó embrujado por otro gol irreal... Queda por recordar su sonrisa y la de todos los culés cuando recibió el Balón de Oro y el FIFA World Player, uno detrás de otro. Sin discusión.
Del 10 de entonces se temía que vinieran a buscarle de Milán o de Londres o de Manchester y se lo llevaran al precio que fuera. Así que cada dos por tres, Roberto de Assís entraba en el despacho de Laporta y salía con un contrato nuevo. Cláusulas y más cláusulas, millones y más millones. Por más que lo ampliaran, cualquier límite parecía escaso. Total, que el club llegó a ofrecerle un contrato hasta el 2014, obsesionado casi con tenerle de por vida.
Hoy, dos años después, nada queda de aquella propuesta que fue diluyéndose con el tiempo, al mismo ritmo que Ronaldinho dejó de correr como antes, en uno de los primeros signos de distanciamiento entre el club y la estrella, y que nadie podía imaginar que iba a dar paso a un debate totalmente diferente. De jurarle amor eterno, el Barça ha pasado a cuestionar ese futuro en común y plantearse incluso una ruptura precipitada, ante el temor cada vez más extendido de que ya no hay vuelta atrás, que el tiempo de Ronaldinho ha pasado y que es hora de despedirse.
Vida en el gimnasio
Hace dos años, cuando Ronaldinho cabalgaba, nadie se preocupaba de su vida fuera del campo. Ni los de dentro ni los de fuera. Pero en cuanto empezó a desaparecer de los entrenamientos para hacer vida en el gimnasio, la estrella fue apagándose sin que nadie le echara el freno a tiempo. Todos le dejaron hacer. El 10 dejó de ser un 10. De la cabalgada en el Bernabéu, de recorrer esos 53 metros en 13 segundos, de dejar a Casillas flipando, de llevarse todos los premios, y la Liga y la Champions, Ronaldinho ha pasado a segunda fila, eclipsado además por su gran amigo Leo Messi, candidato ahora a recoger los premios que antes eran para él. De goles para recordar a goles a balón parado. De jugar y vivir sin reglas, a ser uno de los responsables de que el Barça pretenda imponer un código interno.
A día de hoy, dos años después de aquel 19 de noviembre, el 10 ya no es intocable. Ni en el Barça ni en Brasil. Peor que eso. En el debate interminable que genera su situación y su estado físico, cada día hay más culés que le ven como un incordio para el equipo. Y en esa encrucijada está Rijkaard, a quien el club exige más rigor a la hora de tratar al futbolista brasileño y juzgarle de acuerdo con su trabajo y su rendimiento.
La decisión de verdad
El paso siguiente a sustituirle casi en cada partido es dejarle en el banquillo. Está al caer. El sábado, frente al Recreativo, tiene coartada. Llegará con el tiempo justo de Brasil después de casi dos semanas de ausencia. Pero la decisión de verdad vendrá después. El martes, en la Champions, en Lyón, y en la siguiente jornada, en Montjuïc, y luego en Valencia, y en el Camp Nou ante el Madrid. A esas alturas, dentro de dos o tres semanas, se espera el regreso de Etoo. Los
cuatro fantásticos, que todavía no han hecho honor a ese sobrenombre, juntos.
Tal día como hoy, hace dos años, no había nadie más fantástico que Ronaldinho. Ni Etoo, ni Messi, ni Henry. A día de hoy, Ronaldinho ya no está en la cima y, lo peor, es que crece la sensación de que aquellos tiempos no volverán y que el final de su etapa en el Barça está cerca. Si echa una mirada atrás y se ve a sí mismo en el Bernabéu, en esa carrera de 53 metros, 13 segundos y 7 toques, Ronaldinho se dará cuenta de que es una sombra del que era.