Lunes, 12 de Noviembre de 2007 a las 10:13
LA TEMPORADA AZULGRANA 10 preguntas que exigen respuesta
MARCOS LÓPEZ
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Tras perder miserablemente en el campo del Getafe, Frank Rijkaard se autoinculpó.
«El equipo no funciona, tengo que buscar una solución. Yo soy el responsable». Si no halla remedio pronto para ganar fuera del Camp Nou, el Barcelona camina hacia la autodestrucción.
1. EL PROBLEMA: ¿Por qué fuera el equipo no chuta?
En casa, el Barça juega y gana. Es un equipo infalible. No ha perdido ni un partido. Además, saben los jugadores que no pueden relajarse porque el Camp Nou no les perdona ni una. Al más mínimo error, la gente se les echa encima. Así, sometido a la máxima presión, el equipo no comete fallos. Pero cuando hace las maletas para viajar se convierte en un Barça previsible, caritativo, incapaz siquiera de competir porque no gana casi nunca. Un triunfo en el campo del colista (el Levante) es el mísero balance de los azulgranas lejos de su casa. Ni gana, ni dispara, ni chuta, ni tampoco intimida a los rivales, que ven al equipo de Rijkaard como un chollo. ¿Por qué? Porque es muy fácil de desactivar.
LA DUDA: ¿Podrá Rijkaard solucionarlo?
Apenas se llevan tres meses de temporada y el técnico se enfrenta ya a su segunda situación delicada. En la primera, tras dos empates consecutivos fuera de casa (Santander y Pamplona), el técnico dio descanso a Ronaldinho aprovechando que sufría unas molestias musculares. Entonces, el equipo logró encadenar cinco triunfos consecutivos. Ahora, el margen de error ha disminuido para Rijkaard, consciente también de que el equipo reproduce fielmente los mismos defectos del pasado.
Si antes el problema parecía reducirse solo a la baja forma de Ronaldinho, ahora se concentra en la figura del holandés. Tras perder en Getafe, Rijkaard ya dio el sábado el primer paso. Criticó a los delanteros y anunció que buscaría soluciones para enderezar al Barça que da pena cada vez que toma el avión. Él dice tener fuerzas y energía para conseguirlo. Si no, le llegarán malos días.
LOS PLANES: ¿Qué medidas tomará ahora?
"Hay que buscar seguridad". Ese es el primer diagnóstico que lanzó Rijkaard cuando se le reclamó por las medidas que adoptará para frenar la caída del equipo lejos del Camp Nou. Buscar seguridad implica un cambio de jugadores --ahora le faltan los futbolistas agresivos y con carácter, tipo Etoo, Deco y Márquez--, sin descartar, por supuesto, un cambio de estilo táctico.
El término
rijkaardiano de buscar seguridad se puede concretar en dar un paso atrás y reagrupar al equipo. Sin renunciar al ataque pero protegiendo a Valdés para tener un fútbol directo y, tal vez, más eficaz. Lleva ya el técnico una semana pidiendo que el equipo sea contundente. Pero aún no le han hecho caso.
LA TÁCTICA: ¿Está ya caduco el estilo?
Cuando el Barça deslumbraba con el 4-3-3 --ganó dos Ligas consecutivas y una Champions-- era un equipo que presionana cerca del área enemiga, robando balones para provocar ataques cortos y continuados. Ese estilo se convirtió en una garantía para desarbolar a los rivales. Pero, con el paso del tiempo, el equipo no presiona tanto, las distancias entre las líneas se hacen cada vez más grandes e Iniesta, el más peligroso, queda lejos de la portería rival. Para completar ese sombrío paisaje, los delanteros, como recordó Rijkaard el sábado, "no hacen daño". Más que estar caduco, el estilo del Barça da síntomas de vivir un período de agotamiento porque sus jugadores no lo ejecutan con la misma agresividad y determinación. Y el talento solo no basta.
LA ACTITUD: ¿Hay remedio para la desidia?
El Barça empezó la temporada como acabó la pasada. O sea, el equipo ha exhibido un fútbol pastoso, sin profundidad, sin energía, sobre todo fuera de casa. Al principio, Rijkaard lo atribuyó todo a la "falta de frescura". Como si los jugadores tuvieran plomo en las piernas, afectados quizá por la gira asiática. Ahora ni se emplea esa coartada, a diferencia de lo que sucedía hace unos meses, pese a las numerosas lesiones musculares que ha sufrido la plantilla.
Ese argumento, el físico, ya no tiene valor. Entre otras razones porque ni siquiera Rijkaard lo ha querido emplear como atenuante para justificar la pobre imagen que transmite el equipo cuando abandona el Camp Nou. El mayor problema no fue la derrota ante el Getafe sino la forma en que se produjo. Eso fue lo que indignó al técnico. Comprobar que sus jugadores no tenían capacidad de reacción, pese a ir perdiendo ya 1-0. En la segunda mitad, la desidia se apoderó del Barça de tal manera que solo remató dos veces a la portería de Abbondazieri. La primera fue un disparo de Iniesta desde fuera del área y otra un remate de Milito. Rijkaard necesita sangre fresca en el equipo para acabar con ese aire burocrático de su fútbol.
LA GESTIÓN: ¿Cambiará y será duro e inflexible?
El Rijkaard de las buenas palabras, de la tranquilidad, de las disculpas a sus jugadores, está obligado ahora a tomar determinaciones. Los malos resultados y la menguante paciencia de la grada se lo exigen. Por ahora, el equipo no ha dado indicios de responder a las reiteradas dosis de confianza otorgadas por el técnico. Ha avisado dos veces para mejorar el rendimiento general fuera de casa y en ninguna de las dos se ha visto al Barça que reclamaba. Un empate y dos derrotas es el saldo de las tres últimas excursiones azulgranas.
A Rijkaard le falta lo mismo que al equipo: contundencia. En el gesto y en el mensaje. Difumina las críticas en un lenguaje suave y amable, del mismo modo que suele cambiar a Ronaldinho en los últimos instantes y no se decide a sentarlo en el banquillo de inicio en una decisión inequívoca. Es el mismo Rijkaard del 2003, que sin cambiar un ápice su forma de ser, su trato con los jugadores y su comportamiento en público fue capaz de capear el durísimo temporal que pudo costarle el cargo. La situación no es la misma. Pero ahora se repite la dinámica de la temporada anterior. Fue contemplativo y permisivo y el Barça acabó condenado al fracaso.
RONALDINHO: ¿Es todavía recuperable?
A veces, cuando juega en el Camp Nou, claro, da la sensación de que el brasileño está en el camino de volver. Pero luego, esa impresión se altera fuera. En cuatro partidos suma siete remates y un gol: el de Valladolid. El único de jugada que ha conseguido Ronaldinho desde el pasado mes de mayo. En casa quiere volver, pero no llegar a ser quien era. Y fuera, la estrella transmite la sensación de que se encuentra ya en un punto en el que no se adivina retorno.
Incluso Rijkaard, un técnico respetuoso con lo que ha dado el brasileño al club, lo ha sustituido en cinco de los ocho partidos de Liga que ha disputado. Antes, pasara lo que pasara en el campo, Ronaldinho era intocable. Ahora, no. Comienza a ser muy habitual la imagen de la estrella desfilando hacia el banquillo. Hay partidos en los que ni se enfada y la pregunta se oye cada vez más fuerte: ¿Es recuperable? La única evidencia es que, de momento, no se ha recuperado.
HENRY: ¿Cuando cogerá la forma?
Al llegar al Camp Nou, el delantero francés pidió dos meses para ponerse en forma porque venía de estar cinco fuera de la actividad por diversas lesiones. Transcurrido ese tiempo, Henry aún no está al cien por cien. Aunque físicamente ha mejorado, su entrada en el dibujo táctico ha provocado un debate. Rijkaard pidió públicamente que el equipo buscar más a Henry. El jugador dijo, sin embargo, que era él quien debía adaptarse al Barça. Y así, entre peticiones y búsquedas infructuosas, anda Henry vestido de azulgrana. Intentando hallar su lugar verdadero.
EL FUTURO: ¿Caerá alguna ‘vaca sagrada’?
Anunciar medidas para reanimar a un equipo que se ha aburguesado fuera de casa está bien. Asumir la responsabilidad, también. Pero hace tiempo que el Camp Nou espera que las tome. Curiosamente, en esta temporada, el técnico ha adoptado decisiones que en otros tiempos eran insólitas. Por ejemplo, dejó inicialmente en el banquillo a Deco y Henry en el debut liguero en Santander, después colocó de suplente a Puyol, Xavi, Iniesta y hasta Messi. Mañana le tocará el turno a Valdés en la Copa. Pero el único que no ha se ha sentado en el banquillo de inicio ha sido Ronaldinho. Ahora falta saber si Rijkaard, al comprobar la marcha del equipo, prescindirá de él o seguirá manteniéndole de titular.
LA DIRECTIVA: ¿Que hará, tiene algún plan B?
De momento, la junta del Barça está inquieta. No toma ninguna decisión, pero asiste preocupada a la progresiva involución del equipo porque observa indicios de que se puede repetir el desastroso final de la pasada temporada. Por ahora, la directiva mira hacia el banquillo y espera que Rijkaard tome las decisiones adecuadas para despertar a la plantilla. No ha activado ningún plan B, convencida de que el técnico sabrá dar con la tecla adecuada para que el equipo gane puntos fuera de casa. Todo queda supeditado a los movimientos que adopte Rijkaard teniendo en cuenta además que las dos próximas salidas ligueras son a Montjuïc y Mestalla. Espanyol y Valencia examinarán a Rijkaard.