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Fútbol

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Jueves, 4 de Enero de 2007 a las 10:53
El mal ejemplo de Ronaldinho


David Torras

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Hay días en que, sintiéndolo mucho, Ronaldinho no tiene defensa. Peor que eso. Hay días en que merece ser castigado. Y es lo que tendría que hacer el club le guste o no. Imponerle una multa que, posiblemente, le dolerá menos que si le dejaran una semana sin la Playstation 3, pero que tendría el mismo simbolismo que el gesto de Rijkaard de dejarle a él y a Deco fuera de una convocatoria para que ellos y, detrás de ellos todos los demás, pusieran los pies en el suelo. Y lo mismo tendría que hacer con Márquez, con el ligero atenuante de que, por lo menos, se presentó ayer. Si Deco tenía permiso del club por una causa grave, nada que decir.
Pero Ronaldinho no tiene perdón. Precisamente por ser quien es, no debería tomarse por su cuenta más privilegios de los que ya tiene. Porque los tiene. Algunos se los ha ganado sin discusión y otros se los ha agenciado sin que nadie, empezando por Rijkaard, se los discutiera. Se ha ganado cobrar más que ningún otro porque es el mejor, vote lo que vote la FIFA y France Football. Pero también se entrena menos que la mayoría y, a menudo, miramos hacia otra parte cuando no tiene un buen día o cuando busca una tarjeta sospechosamente. Ha regalado tantos días buenos que es justo tener la manga ancha con él. Si trabajando una cuarta parte que los demás, hace lo que hace, qué se le va a decir.
Pero el gesto de no estar el día que toca como todo el equipo va más allá. Ronaldinho no tiene los problemas que otros muchos brasileños, argentinos o ecuatorianos, para ir y volver a su país cuando quiera. No viaja con Air Madrid. Con lo que gana en un día (unos 60.000 euros) podría alquilar un avión y casi casi aterrizar en La Masia. Si no se presentó ayer como el resto, incluidos los otros brasileños, es porque no quiso. Porque, seguramente, se siente legitimado para tomarse esta libertad e ir un poco más allá que los otros. Por ser quien es.
Y es justo al revés. Por ser quien es debería ser el primero en llegar o el segundo, siguiendo su rango en la plantilla. Es el segundo capitán y el brazalete compromete a mucho más que a cumplir en el campo. No lo dirán, pero ayer en el vestuario más de uno puso mala cara, más de uno sintió esa falta como una falta de respeto. Y lo es.
En la última imagen que llegó de Ronaldinho desde Brasil, lloraba en la inauguración de su fundación en Porto Alegre para ayudar a los niños de su ciudad. Y precisamente por ser el espejo en el que se miran millones de niños del mundo, culés y no culés, hay gestos que debería ahorrarse. Y si usted cree que a Ronaldinho hay que consentirle cualquier cosa, qué le dirá a su hijo si este domingo por la noche le anuncia: "Mañana, no voy al cole. Me pillo otro día de fiesta como Ronaldinho".



 

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