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  9 de Enero de 2009     Edición de las 23:26 h.  


 
Fútbol

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Lunes, 11 de Diciembre de 2006 a las 10:53
• El Barça llega a Japón dispuesto a conquistar esta semana el primer Mundial de Clubs
Viaje a la historia


MARCOS LÓPEZ
 LLEGADA DE LA EXPEDICION DEL FC BARCELONA, EN LA FOTO EZQUERRO Y GUDJOHNSEN AL AEROPUERTO DE NARITA
 Foto: Jordi Cotrina

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En la puerta principal del estadio de Yokohama, a poco más de media hora de Tokio, hay un monumento conmemorativo de la final del Mundial que ganó Brasil a Alemania en el 2002. Entre la huella de la mano de Kahn, el meta alemán que falló estrepitosamente el último día, y otra del pie derecho de Cafú está grabado el nombre de Ronaldinho. En brasileño y en japonés, como el de todos los jugadores que participaron en esa final, incluidos Edmilson y Belletti. Cuatro años más tarde, los tres, ahora vestidos con el traje del Barça, han emprendido un viaje histórico en busca del primer título del Mundial de Clubs. El jueves debutarán en ese mismo escenario en busca de una corona que no existe en el Museo del Camp Nou.
A Ronaldinho le ha costado menos tiempo volver a Japón que al Barça. El club ha tardado 14 años en regresar para saldar una cuenta que dejó abierta el dream team. Entonces, nadie daba importancia a la Copa Intercontinental. Un trofeo más. La Copa Toyota, alegó la mayoría. Pero que le pregunten a Cruyff, quien paseaba indignado por Asia tras la derrota con el Sao Paulo. "No sabéis lo que cuesta venir hasta aquí", soltó el técnico a sus jugadores.
Aquellas palabras sonaron a profecía y ahora, casi tres lustros más tarde, consumidas varias generaciones de futbolistas, refundado el club, el Barça regresa a Japón. Lo hace convertido en el gran favorito del torneo que reúne a los campeones de seis continentes, admirado por el fútbol que pregona. "No me gusta ir de favoritos", advirtió ayer, sin embargo, Txiki Begiristain para espantar ese aire de superioridad.

Rijkaard y Neeskens, sí
Txiki fue uno de los que estuvo en 1992 y volvió a casa con las manos vacías, como Eusebio, ayudante ahora de Frank Rijkaard. Precisamente, el entrenador y Johan Neeskens son los únicos que pueden presumir en la expedición del Barça de haber logrado este trofeo. Con clubs diferentes y épocas distintas (Neeskens con el Ajax y Rijkaard con el Milan), pero ellos sí. Los demás, nada.
Ronaldinho, por ejemplo, tampoco. Ni siquiera Deco, que ganó la Copa de Europa con el Oporto, pero prefirió acabar en el Camp Nou semanas más tarde, por lo que no pudo disputar la Intercontinental. Ellos, como buenos brasileños, saben que no es un torneo más. Ni mucho menos. Si estuviera Cruyff de entrenador, no haría falta que perdiera el tiempo en explicarles el valor del Mundial. Siendo niños lo veían por la tele, fuera Ronaldinho desde Porto Alegre o Deco desde Sao Paulo, y soñaban con estar algún día jugando en Japón. Hoy lo estarán.
Llegan más felices que nunca, sorteando dificultades como las graves lesiones de Etoo y Messi, instalados en el liderato de la Liga, pese a la presión de un Sevilla que no desfallece y un Madrid que no les alcanza, calmados, eso sí, tras acceder a los octavos de final de la Champions. Llegan felices Ronaldinho, Deco, Puyol, Xavi, Valdés, Iniesta, convencidos todos de que necesitan el Mundial de Clubs para demostrar, con datos y además con títulos en la mano, que son mucho mejores que el dream team.
En ocho años de Cruyff, el Barça conquistó cuatro Ligas y una Copa de Europa. En menos tiempo, Rijkaard (no lleva ni la mitad) ha logrado dos Ligas y una Copa de Europa. París ha eclipsado, al fin, el recuerdo de Wembley, aunque empeñados aún en abrir más distancia con el dream team. De momento, ellos, el Barça actual, no han caído eliminados en la primera ronda la temporada siguiente a conquistar el título europeo. Pero es poco. Demasiado poco para un equipo obsesionado en escribir su propia historia. Solo basta ver a Ronaldinho. Hace cuatro años, como recuerda esa estatua de Yokohama, era uno más, oculto bajo los goles de Ronaldo y la fiable tristeza de Rivaldo. Ahora, Ronaldinho es el mejor del mundo, el número uno.

Líderato a salvo sin jugar
Y él, que se programa como nadie para brillar en los momentos de mayor atención mediática, sabe que Japón es un mercado en expansión, y encima la cita llega días antes de que viaje a Zúrich para recoger tal vez el premio de la FIFA como el mejor jugador del planeta por tercera vez consecutiva.
Ayer, en el inicio del torneo, el Al-Ahly egipcio ganó al Auckland de Nueva Zelanda (2-0) y es el rival del Internacional de Porto Alegre. Nada de eso preocupa a los azulgranas, que por una semana dejarán aparcada la Liga. Quizá cuando regresen hayan perdido provisionalmente el liderato a manos del Sevilla, el único que lo tiene a tiro. Pero pueden volver con un botín más valioso. Si gana, el Barça lucirá para siempre la triple corona: Liga, Champions y Mundial de Clubs. Lo nunca visto.


 

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