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Fútbol

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Lunes, 13 de Noviembre de 2006 a las 11:11
• Rafa Guerrero, como hace 10 años, propicia otro escándalo al indicar a Iturralde que echara al jugador
"¡Expulsa a Motta!"


MARCOS LÓPEZ
 LOS JUGADORES AZULGRANA PIDEN EXPLICACIONES AL LINIER RAFA GUERRERO EN LA BANDA
 Foto: Jordi Cotrina

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Ahí estaba él, saludando como si nada a todos los jugadores del Barça. Acabado el partido, tras una victoria que vale el liderato para el Barça, Rafa Guerrero, un linier mediático, se paseaba ufano por el centro del campo. Tiene 43 años, es leonés, como José Luis Rodríguez Zapatero, un culé de toda la vida, y le encanta salir en la tele. Ya sea haciendo anuncios de Renault, en la misma campaña publicitaria de Amunike o Prosinecki --el dinero que recaudó lo cedió a una organización solidaria--, o llamando la atención de sus árbitros.
Hace poco más de 10 años (29 de septiembre de 1996), en La Romareda, llamó a Mejuto González para advertirle de que Solana había empujado a Couto y con una frase --"Rafa, no me jodas", le dijo su jefe-- se hizo famoso para siempre. Anoche, claro, una década más tarde, debía estar a la altura. "¡Expulsa a Motta!", debió decirle. Iturralde le hizo caso. "No era justa, se lo dije al árbitro y al linier, pero no me hicieron caso", confesó el centrocampista brasileño, molesto porque sabe que volverá a airearse su fama de jugador díscolo.
Pero tal es el poder de convicción del linier que convirtió el Camp Nou en una olla. Con Frank Rijkaard desquiciado. Otro día más. Y son ya dos casi seguidos. Se sabía que José Mourinho, el entrenador del Chelsea, le sacaba su vena más furibunda. Pero se desconocía que Rafa Guerrero también era capaz de agitar la versión más crispada del técnico. Es verdad que Motta sacó a pasear sus brazos alrededor del cuerpo de Diego Milito, el delantero del Zaragoza, aunque también es verdad que no era cartulina roja.
Pareció un codazo en la cara del goleador. Pareció. No lo fue. Y Rafa, que todo lo oye, que todo lo ve, se dio cuenta de algo que Iturralde no había descubierto. En el acta arbitral, la jugada que desató la polémica queda relatada de la siguiente forma: "En el minuto 74 el jugador (3) Motta, Thiago, fue expulsado por el siguiente motivo: golpear a un contrario, con su mano en la cara, estando el balón en juego", escribió Iturralde.
"La verdad es que yo habría preferido que no hubiera pasado todo esto. En tanganas así, siempre sale beneficiado el equipo de casa", fue el lamento de Víctor Fernández, el técnico del Zaragoza, sin escudarse en ninguna excusa arbitral. En ese lío, con el Camp Nou hirviendo, mientras Messi estaba en el Hospital de Barcelona, en la Diagonal, maldiciendo el pie roto, Rijkaard arengó a su equipo.

Mensaje positivo
A medida que le iban expulsando jugadores (Motta), ayudantes (Neeskens) y colaboradores (Carlos Naval, el delegado del Barça, el único que pedía paz, también vio la roja), Rijkaard divulgaba energía positiva. Entre tanto grito, el técnico agarró a Puyol, que se comía a Rafa Guerrero, contuvo a Deco, que se pegaba con todo el Zaragoza, y aconsejaba a Iniesta para que tomara rápido el balón y levantara un partido lleno de desdichas.
"¿Guerrero? No, no lo conozco", afirmó el entrenador del Barça, quien encontró en una desgracia un argumento para lograr el triunfo. "El equipo se lo tomó como una injusticia y quisieron dar la cara", dijo Rijkaard. En menos de un mes, el Camp Nou ha descubierto que Rijkaard también es humano. Que se indigna con Mourinho, que se pelea, educadamente, eso sí, con los árbitros y que Rafa Guerrero puede añadir otro eslogan en sus anuncios. "Yo también desquicié a Rijkaard". Ese otro Frank derrotó a un linier del que ya sí sabe su nombre.


 
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